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Un reguero de letras, por Daniel Pardo

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Peligro: universidades en la vía

Dos vigilantes de la Sabana impiden paseo millonario a un estudiante

El décimo aniversario del Comité de Seguridad de Universidades del centro y el frustrado paseo millonario en la Sabana, hacen que Informes Especiales se pregunte por las infraestructuras para seguridad y las amenazas latentes en las universidades.


La infraestructura para seguridad y vigilancia que tienen algunas universidades de Bogotá, hace pensar que el campus académico es uno de los espacios más peligrosos del país. Con la excusa del reciente incidente en la Sabana y del aniversario del Comité El Universitario se metió en la seguridad universitaria.

En la víspera del aniversario número 40 de la muerte del Che Guevara, el 8 de octubre pasado, la ciudad se vio inmersa en numerosos disturbios protagonizados por encapuchados y frentes de la Policía. Las pugnas entre papas explosivas, piedras, gases lacrimógenos y agua dejaron a un estudiante de la Nacional sin un ojo. Los estudiantes tumbaron la reja que protege el ingreso al campus y destruyeron la caseta de vigilancia. Un grupo rompió los vidrios del edificio de Geociencias y sacó insumos para fabricar papas explosivas. La Distrital y la Pedagógica también se unieron a la celebración. Al mediodía, las directivas cancelaron las clases, pero los enfrentamientos siguieron y dejaron siete heridos. Al día siguiente, pocos comentamos el incidente.

¿Cómo se maneja la seguridad de las universidades?

Juntos por la causa

Además del aniversario del Che, este año celebramos una década de la creación del Comité de Seguridad para la Universidades del centro. Eran 4 las que originalmente erigieron el Comité: los Andes, el Externado, la Tadeo y el Rosario. Hoy ya son 13 y el objetivo, como dicen sus fundadores, es que sean más: que el centro deje de ser su punto de vínculo. El Universitario habló con sus respectivos representantes y todos comparten la misma visión sobre la seguridad de sus instituciones. Por eso, en parte, se han organizado. Complementándose, creen que van a aportar tanto a la tranquilidad de cada una, como a la de toda la zona. Y efectivamente funciona, según  ellos, porque el hecho de que hayan vigilantes, cámaras y policías al rededor de las 13 universidades del centro, tiene que implicar seguridad para la zona.

Mucho han crecido y mucho han debatido pero, sobre todo, su gran logro ha sido una red de corredores alrededor de las universidades para integrar los sistemas de seguridad de todas. Vigilantes de seguridad privada, con su respectivo canino, y policías bachilleres se paran las 24 horas del día en las calles que rodean las universidades que hacen parte del Comité.

Alirio Gómez, propietario de un parqueadero en la 23 con 2da, dice que en su cuadra los robos han bajado desde que pusieron los corredores. Su casa queda ahí mismo, cerca de un parqueadero que los estudiantes llaman ‘Donkeys’, haciendo referencia a ‘burros’.   Esa calle, donde hay 4 parqueaderos más, antes era reconocida porque desvalijaban los carros y vendían droga, incluso, dentro de los mismos parqueaderos. Según Alirio, eso terminó.

En esto, la Policía Metropolitana juega un papel fundamental. Su relación con el Comité ha sido intermitente, pero la llegada de bachilleres a los corredores inter-universitarios es un avance. El encargado para universidades de la Policía Metropolitana es el Coronel Luís Salazar. Desde que lo invitaron a participar, hace un año, puso a andar este proyecto de los corredores. “Junto al Coronel Vallejo, que coordina a los auxiliares bachilleres, pusimos tres auxiliares por Universidad. Ellos han formado una buena relación con la gente que ya los reconoce, a pesar de que no son profesionales de la Policía”.

Si bien Salazar ha sido muy colaborador, los coordinadores de los Andes y la Tadeo critican que el vínculo con la Policía no esté institucionalizado. Y, en consecuencia, cada vez que cambia el Comandante al mando, los términos del convenio se tergiversan. “El hecho de que nos ayuden con policías en los corredores se reduce a las preferencias del comandante a cargo”, dice Juan Sastoque, Director Administrativo de la Tadeo. El Coronel Salazar afirma que es cierto pero que no está en sus manos legalizar el convenio. Él aportó su granito de arena con los corredores y queda al Consejo Distrital plantearse la cuestión.

Y es que parece incuestionable que los corredores sirven. El Universitario se enteró de que el Jefe de Planta Física de la Salle, Germán Hernández, manifestó en el pasado encuentro del Comité, que se reúne cada mes, que hace un año se reportaban más de un atraco cada dos días, mientras que este año no se ha reportado ninguno.

Parece ser, pues, que la seguridad del centro anda bien. El Comité crece con sus corredores y la gente se siente tranquila. Sin embargo, quedan interrogantes. Por ejemplo, sabemos que el Parque de los Periodistas es uno de los sectores donde más se registran atracos en Bogotá. Para Sastoque el problema es que los corredores de seguridad no llegan hasta ahí. Es cierto, como él argumenta, que el exterior del campus no es problema de las universidades, pero si el Comité quiere aportar a la seguridad del centro va a tener que cuestionarse por la efectividad de los corredores en el Parque de los Periodistas.

Peligro inminente

Lo que pasa dentro de las universidades públicas y privadas es una pregunta de talante nacional, sobre todo, cuando se refiere a las amenazas que atacan su tranquilidad. Basta con vivir en Bogotá para darse cuenta de que las manifestaciones estudiantiles son una amenaza latente en las universidades públicas. En la Pedagógica, la Nacional y la Distrital hay conflictos desde los años sesenta entre los estudiantes y la Policía Metropolitana, mínimo una vez por semestre. En el ultimo mes se supo, por un lado, de  amenazas de grupos paramilitares contra estudiantes la Libre, la Nacional y la Universidad de Antioquia; y por otro, que el 4 de octubre fue asesinado Julián Hurtado, representante de los estudiantes ante el Consejo Superior en la Universidad del Valle.

Los conflictos no se reducen a las manifestaciones armadas, dice el Coronel Salazar, porque también hay pequeños atracos, flujo de drogas y hasta hurtos de video beams y computadores, sobre todo, en los pasillos de las universidades privadas. “Las directivas académicas, dice, reportan robos en sus instalaciones pero eso ya le corresponde a la empresa de seguridad de cada una”.

¿Cómo es, entonces, la seguridad interna de las universidades privadas?

El día de las manifestaciones del Che, las universidades privadas ni se inmutaron. Sus problemas de seguridad no están diseñados para enfrentar papas explosivas ni antimotines. Sus problemas se refieren a indigencia, hurtos, prostitución y delincuencia. Ahí está la gran diferencia. Los problemas son mayores cuando la universidad es pública, no solo porque presentan graves tensiones políticas, sino porque, incluso también en algunas privadas, sus puertas están abiertas para cualquier ciudadano común y corriente.

El caso, el ejemplo

La noticia es el incidente ocurrido en La Sabana el pasado 15 de noviembre. Como informaban El Tiempo y Caracol Radio al día siguiente, un estudiante de derecho fue atacado con un arma blanca por dos personas que se trasportaban en un Chevrolet Sprint rojo de vidrios polarizados. La buena noticia es que dos vigilantes impidieron con disparos al aire que el estudiante fuera robado (llevaba un portátil), secuestrado (nunca había recibido amenazas, pero los estudiantes sostienen que esa era la intención) o lo que fuera que pretendieran hacer los delincuentes que después fueron entregados a la Policía. Después del altercado, el Rector Obdulio Velásquez fomentó la normalidad diciendo que las clases nunca se interrumpieron y que el acontecimiento no generó riesgo para la integridad física de la comunidad.

La seguridad de la Sabana no tiene que ser tan rigurosa como las de otras universidades. El campus se encuentra en Chía y lo que más puede uno ver es zona verde. La violencia no le llega directamente. Sin embargo, algunos estudiantes dicen que es insólito que al entrar a pie los estudiantes sean requisados y pidan el carné pero que cuando es en carro no haya ninguna tipo de inspección.

El Universitario habló con Rafael Leuro, jefe del departamento de seguridad. Él afirma que no son tantas las amenazas que se presentan en la Universidad. Hay robos comunes y venta de drogas pero no es de alarmarse. Las políticas son de precaución y dieron efecto con el incidente del paseo millonario, como se le ha llamado. Las puertas están cerradas, hay que presentar carné a la entrada, hay vigilantes con canino y encubiertos, hacen un simulacro anual, tienen cámaras y están por implantar un sistema de tarjetas digitales en los parqueaderos. Y cuando todo esto se estructuró nadie se preguntó para qué era, pero ahora que pasó este incidente los sistemas instalados, que efectivamente sirvieron, son justificados. Así, lo ocurrido en La Sabana debe ser entendido como un ejemplo claro del tipo de problemas que amenazan la seguridad universitaria.

Un campus privado y blindado

Cada universidad tiene su propio sistema, y gracias al Comité los objetivos de las universidades privadas del centro se han unificado y el modelo a seguir es el de los Andes. Pues como decía Sastoque, de la Tadeo, allá lo tienen todo para estructurar el mejor sistema.

Los Andes tiene el sistema que todas las universidades del Comité quieren tener. Allí, por ejemplo, acaban de inaugurar un sistema de carnés inteligentes con el que los estudiantes pueden entrar al campus sin ser requisados. Incluso hay unos computadores pegados a las entradas donde uno, si se le quedó el carné, con su código y clave, puede sacar un papel que le sirve para entrar el resto del día. Además, esta tarjeta con chip personal incluido sirve para identificar las entradas y salidas de los estudiantes, hasta el punto de poder saber a qué clases han asistido, cuál es su perfil y hasta cuántos días se han ausentado. Acá, la cosa es con tecnología de avanzada.

Asimismo, tienen una red de emergencia, al estilo gringo del 911, por medio de la cual el estudiante llama y al instante le contestan por si necesita alguna ayuda urgente. El número es 0000 y en la Tadeo, donde copiaron el sistema, es 4444. Según Hernando Cortés, Jefe del Departamento de Seguridad de los Andes, la gente llama de a dos veces por día en promedio para informar de incendios, hurtos y denuncias, pero, sobre todo, de emergencias médicas -que alguien se cayó, que alguien se desmayó-.

Si es una línea para los estudiantes, se asume que ellos conocen de su existencia y que responde a peligros inminentes. Sin embargo, de los estudiantes que consultó El Universitario, entre ellos Felipe Meneses de la Tadeo, pocos conocen de su existencia. La razón por la que los estudiantes no saben de estas líneas, así como de los carnés por un día, es que la nueva tecnología apenas empieza y hay un problema es de desinformación. Por eso, Cortés dice que “próximamente vamos a lanzar un folleto que explica los sistemas que tiene la Universidad”.

A esa idea sí se adelantó la Tadeo. Hace unos meses repartieron un panfleto que titulaba “en la Tadeo, entre todos nos cuidamos” explicando los diferentes dispositivos de seguridad -cámaras, radioteléfonos, perros, anillos de seguridad- e informando de la línea de emergencia 4444. Entre las recomendaciones que presentaba el folleto se destacan “evite el uso de joyas”, “no reciba alimentos y bebidas de personas extrañas”, “comunique a las personas las anomalías” y hasta “cuídese de encuestas sospechosas”. Pero, ante todo, “recuerde, todos somos amigos”.

¿Mera paranoia?

Los estudiantes dicen que los sistemas de este tipo son exagerados, que hay muchas cámaras y que los avisos que piden denunciar a los sospechosos, afirma Catalina Giangrandi de los Andes, “son hasta discriminatorios”. Al respecto, Cortés dice que es por precaución. Expresa que el campus se encuentra entre las localidades más peligrosas de Bogotá, la Candelaria y Santa fe, y “es mejor prevenir que curar”.

Sin embargo, el Coronel Salazar insistió en que “la zona donde se encuentra los Andes no es peligrosa. Puede tener áreas cerca que generan conflicto, como el Parque de los Periodistas”. Sin embargo, dice que todo lo que sea en pro de la seguridad y lo que contribuya a la vigilancia local es valioso y debe ser promovido.

Mucho se habla sobre la seguridad en los Andes, es un caso anecdótico y atípico. Un profesor de ahí, cuyo nombre pidió mantener en reserva, dice que es más una forma de persuasión. La guardia tiene prelación sobre la amenaza. Además, “sirve como una forma de control que fomenta el miedo. Así, la gente sabe que está siendo vigilada y prefiere abstenerse de robar. Es una forma de dar a conocer las características de lo normal frente a lo anormal, diferente y perverso”.

Por medio de estadísticas se podría argumentar una cosa y la otra, que los sistemas son exagerados o que se justifican. Sin embargo, todos los departamentos de seguridad entrevistados negaron al Universitario la posibilidad de incluir números que sustentaran la necesidad o la redundancia de estas superestructuras de seguridad y vigilancia.

Cabe preguntarse si tanta parafernalia es una forma de fomentar miedo o en realidad existen las amenazas latentes que la justifiquen. Pues hablando de paranoia, por estos días CableNet mandó un correo electrónico a todos los estudiantes de los Andes. El mail decía que todos deben grabar en su celular el número de la persona a contactar en caso de urgencia, bajo el nombre: “A en caso de emergencia”. (La A es para que aparezca siempre como primer contacto en la lista). “Es sencillo, dice el correo, no cuesta nada y podría ayudarnos mucho. Si te parece bien, pasa este mensaje al mayor número posible de personas.”

Algunos dicen que las estrictas medidas de Los Andes se deben a que un hijo del Presidente Uribe, entre otros estudiantes vulnerables, estudia allá. Pero Cortés argumenta que el sistema no se debe solo a ellos sino a toda la comunidad. Dice que los familiares de personalidades en situación delicada tienen su propio sistema a partir del cual, por ejemplo, se permite la entrada de sus escoltas a los salones de clase.

La otra opción

Otro argumento que se usa para criticar el sistema de los Andes es que la Javeriana tiene sus puertas abiertas y no está requisando a los estudiantes permanentemente. Allí, reciben a diario a muchos visitantes que circulan a través del campus sin tener ninguna relación con la Institución. Por ahí pasan los habitantes de los barrios aledaños, los pacientes del Hospital e incluso los transeúntes que paran en la cafetería central a tomarse un café. La Javeriana es un área común a la que todos pueden acceder, como cualquier parque o plaza. ¿Por qué?

Eso preguntamos a Álvaro Beltrán, encargado del tema de seguridad. En efecto, gracias a sus convicciones liberales, y a que prestan algunos servicios públicos, no encuentran la necesidad de cerrar sus puertas. Y la Nacional se ha unido a esa política, pues ya es un hecho que la cerca que cerraba el campus será removida.

El Externado también es de puertas abiertas y tiene más de 52 cámaras conectadas a un centro de video las 24 horas del día. El coordinador Rafael Borja dice que sus políticas se basan en los mismos argumentos que los Andes pero que no es necesario cerrar las puestas del campus.

La pregunta es si las amenazas son tan inminentes como para cerrar las puertas del campus, tener cámaras por doquier, perros con vigilante, carnés inteligentes, avisos que piden denunciar sospechosos y hasta porteros encubiertos en algunas universidades.

La academia del pueblo

El caso de la Nacional puede entenderse como un caso aislado. Allí se concentran la mayoría de los movimientos estudiantiles, tienen la infraestructura más grande del país y la seguridad es la más precaria Asimismo, la venta de droga y los vendedores ambulantes son un problema, pero, sobre todo, están los encapuchados. El Universitario intentó hablar con ellos, pero sólo pudo conocer la visión institucional de Gerardo Cruz, Jefe de la División de Seguridad.

La violencia estudiantil es una amenaza para la Nacional, donde no se puede reprimir la protesta libre. A pesar de que se ha tratado de crear convenio con los encapuchados, muchos de ellos son ajenos al plantel académico y una reacción violenta implica la intervención de la Unidad Antidisturbios de la Policía. Además, apenas se está empezando a integrar un sistema de cámaras que permita la vigilancia del campus. Su sistema, comparado con el de los Andes, el Externado o la Tadeo, es todavía muy débil. Paradójicamente, la Nacional debería tener el sistema que tiene los Andes.

A partir de todos los acontecimientos violentos que han sucedido en universidades públicas, se ha debatido la idea de cerrar sus puertas e incluso requisar. Cuando se dieron los enfrentamientos a principios de octubre, el Vicepresidente Santos dijo que “si nos toca entrar a requisar a todo el mundo, pues lo vamos a hacer”. Asimismo, el Alcalde Garzón y el rector de la Nacional, Fernando Montenegro, coincidieron en que no hay lugar vedado para la Fuerza Pública. Días después de los enfrentamientos, El Espectador citaba que un reporte de la División de Inspección de la Nacional había contado 115 elementos explosivos entre morteros, botellas con gasolina y otros artefactos que permitirían la elaboración de bombas artesanales

El objetivo

Es difícil sustentar sin estadísticas que no hay robos en las localidades donde se presentan los más sofisticados sistemas de seguridad para universidades. Sin embargo, no hay que ser científico para darse cuenta que las amenazas son más evidentes cuando nos referimos a la universidades públicas. Y si algo se concluye con una investigación sobre las infraestructuras es que la seguridad no está donde debería. En las universidades privadas no existe la misma cantidad de amenazas pero sí tienen los mejores sistemas. No obstante, el sector privado está en la libertad de invertir en lo que le plazca. El Comité ha venido haciendo múltiples esfuerzos y desafortunadamente no ha contado con la colaboración del sector público.

Más allá de la pregunta sobre qué tanto se justifican las cámaras, los perros, los vigilantes, etcétera, en las universidades privadas, lo que nos debe preocupar es la importancia de que organizaciones como el Comité y las mismas alcaldías locales aboguen por que la seguridad de las universidades públicas sea mejor. Desde la administración local de Chapinero se viene adelantando un Pacto de Entornos Universitarios en el que se busca rescatar la corresponsabilidad de los diferentes actores.

Eso dice Angélica Lozano, Alcaldesa de Chapinero, quien habló también de un sistema de cámaras ubicadas en el espacio público en puntos estratégicos que le permiten a la Policía mantener el control. Sin embargo, también dice que la autorización para intervenir en las manifestaciones públicas está a cargo de la Secretaría de Gobierno Central.

Si hay un problema conceptual en las infraestructuras privadas y un problema práctico en las públicas, estos deben ser solucionados. Porque la precaución no justifica la represión pero las amenazas evidentes sí justifican la vigilancia. Por eso la Alcaldesa Lozano concluyó que “todas las medidas que se adopten para preservar la integridad de los estudiantes y las instituciones son útiles e importantes, siempre y cuando tengan un objetivo específico”.

Publicado en El Universitario en Diciembre de 2007

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Written by pardodaniel

diciembre 3, 2007 at 4:56 pm

Publicado en El Universitario