Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

Archive for septiembre 2009

Por favor, una limosnita

leave a comment »

Steve Demain, 20, working outreach for the United Homeless Organization (UHO) outside of Madison Square Garden in New York City.
A la salida de tiendas grandes como Macy’s o Bloomingdales siempre se paran unos tipos disconformes con un grueso chaleco rojo, una mesa y un botellón de agua vacío a pedir plata. Son mendigos que hacen parte de la Asociación de Indigencia de la Ciudad en busca de una monedita. Es, en otras palabras, limosna legal, menos fea y fidedigna. El problema, después de que se supo, hace menos de un mes, que muchos estaban usando la caridad para ocio, es que ya nadie les cree que la plata va para la Asociación.

El turno de Steve Demain, un desgarbado indigente de 20 años que llegó a Nueva Yoprk porque su papá lo echó de su casa hace 5 meses en Chicago, fue ayer, día antes de una de las celebraciones más importantes de la cultura gringa, el Día de Acción de Gracias, en la puerta de la Estación Pensilvania del tren. Primero un tipo le dijo sinvergüenza.  Después, como se ve en la foto, un tipo fingió con ironía darle plata. Acto seguido un niño le preguntó “¿usted es uno de los artistas de la estafa?”. Después alguien le murmuró un escéptico “uh, huh”. Luego una señora dijo, “ah, ustedes son los de la estafa que pasaron ayer en televisión”. Después alguien le preguntó “¿se lo va a gastar en un vaije a Cancún?” Por último un señor les gritó que si nos les daba pena pedir plata en vísperas del Día de Acción de Gracias. La gente estaba histérica.

Al final del día, después de 5 horas de turno, Demain había recolectado 10 dólares, 4 más de lo que había recolectado el martes. Antes de que la noticia sobre sus compañeros robándose la plata, Demain recolectaba cerca de 30 dólares al día. Y ayer, día antes de una celebración que sensibiliza a los gringos más que la navidad, solo consiguió solo 10. Como todo en esta ciudad, los justos, una vez más, pagaron por los pecadores.

Anuncios

Written by pardodaniel

septiembre 18, 2009 at 9:51 pm

11 de septiembre

leave a comment »

El 12 de septiembre del 2001 fue la primera vez en 15 años que Johan Bathurst no tuvo que ir al trabajo, en la bolsa de acciones de Nueva York. El día anterior, había llegado tarde a casa, naturalmente, después de un día soleado de sangre, polvo y lágrimas. Se despertó con calma, a las 10:30, y le pidió a su señora que no le subiera el periódico, el Daily News que le había estado llegado durante los últimos 25 años, desde que se casó con Jody Stainer, la mujer que ese día se sentía la más afortunada del universo. En septiembre del 2001 Bathurst canceló sus suscripción al Daily News y desde entonces no lee noticias diferentes al moviendo de La Bolsa, donde trabaja como corredor. Cuando lo conocí, sentí que su voz craqueó al referirse al atentado; sentí que para él no había sido un evento político, histórico o terrorista. Eso, de hecho, no parecía importarle. Sentí, en cambio, que el evento durante el cual Johan vio a sus compañeros morir asfixiados le cambió la vida; como un padre que ve morir a un hijo, un padre cuyos ojos nunca van a volver a brillar.

Hay muchas cosas que decir sobre el 11 de septiembre. Empezando por el día que le siguió, cosa que hace el New York Times en el melancólico artículo que abrió hoy su edición. También se puede hablar del ambicioso proyecto que busca remplazar las Torres Gemelas, La Torre de la Libertad, el cual solo pudo empezar obra este año, tras miles y millones de batallas legales sobre la propiedad del establecimiento. Asimismo, podemos hablar sobre las implicaciones a largo plazo del evento que dio lugar a una etapa histórica sin precedentes en occidente: la lucha contra el terrorismo, la dogmática e injusta lucha en contra del mundo islámico, que por estos días parece por haberse disipado, no solo gracias a un presidente competente, sino a una crisis económica global que tornó lo ojos de todos en otra dirección. Ahora queda Afganistán, cuya guerra y situación actual, como sostiene The Wall Street Journal en su artículo de portada, no deben ser confundidos con el terrorismo de Al Qaeda, tal como hizo W. Vale mencionar, también, el insólito debate que a lo largo de los últimos 8 años no ha podido resolver si el 9/11 es un día de fiesta nacional, federal, estatal, etcétera. En todo caso, hoy se llevará a cabo, en un Ground Zero todavía en obra negra, la ceremonia para conmemorar los atentados de las Torres Gemelas. Acá estarán el vicepresidente Joe Biden y su comitiva. También hoy, se inaugura el New Island Festival, una feria que celebra los 400 años de la fundación de Nueva York, que tuvo lugar en la pequeña y hoy abandonada Governors Island, donde los holandeses se asentaron hace IV siglos.

Esta mañana, lluviosa y fría, Johan Bathurst se levantó temprano para emprender la tediosa ruta que emprende todas la mañanas: de la casa en New Jersey al colegio de los niños en Union City y de ahí a la Bolsa, a dos cuadras de Ground Zero. Se demora una hora y treinta, juega sudoko en el tren y llega a las 9 en punto a la Bolsa, cuando el timbre da inicio a un día en el que invertirá la plata de otro hasta las 4 de la tarde. Johan no quiere saber nada que tenga que ver con los atentados, y me contestó la llamada esta mañana porque grabó mi teléfono cuando lo visité en la Bolsa hace un mes. Lo llaman de todos los medios, porque según él todos quieren la versión de los testigos más cercanos, pero él siente, como siempre ha sentido, que es de mal gusto hablar en vano de sus compañeros que murieron. Por eso nunca me contó los detalles de ese día. Esta vez, sentí en su voz un sentimiento de culpa, como si él hubiera sido el culpable de la muerte de sus amigos, a quienes conocía hace 10 o más años atrás. Sentí que Johan hubiera querido morir ese día, en vez de cargar para siempre los ladrillos de esos edificios enormes que mataron a sus amigos y dejaron miles de familias sin padre. En su espalda, delata su voz, se cargan los dolorosos e impensables acontecimientos del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York.

Written by pardodaniel

septiembre 11, 2009 at 9:39 pm

Los dictadores

leave a comment »

Alguna vez, por allá abajo, comparé al Alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, con el Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, porque ambos están aglutinados al poder, a pesar de sus innumerables escándalos, enceguecidos por algunas buenas políticas y la inmensa popularidad que los respalda en el electorado. Por otro lado, es muy común ver comparaciones entre Uribe y Chávez, en la medida en que los dos son radicales, populistas y alebosos; son dictadores elegidos por el pueblo. En ese orden de ideas, uno puede comparar a Bloomberg con Chávez, tal como lo hizo El Diario, el periódico en español más importante de Nueva York, en su editorial del día de hoy. En una ciudad donde la población de latinos acaba de sobrepasar a la población negra, con el 21% del total de la gente, tener el voto hispano no es importante; es crucial.

Después de una década desperdiciada exaltando a los ricos y sus excesos, demasiados neoyorquinos ahora pagan el precio por decisiones tomadas en Washington, en Wall Street y en el Ayuntamiento. Ahora lo que la Ciudad de Nueva York necesita es un ejecutivo con una perspectiva equilibrada hacia el desarrollo y el crecimiento. Un crecimiento donde las familias que más lo necesitan sean una alta prioridad. Este líder es Bill Thompson.
El apoyo de El Diario al candidato demócrata Bill Thompson, actual Contralor de la Ciudad, es una noticia importante. Pero la comparación de Bloomberg con Chávez es un llamado a la democracia y la pluralidad, que resulta sorpresiva y toma bajo guardia a la convencida campaña republicana del Alcalde Bloomberg. Y dice así:

Todo esto no es simplemente un esquema intrigante: es un grave abuso de poder. Incluso el presidente venezolano Hugo Chávez realizó un plebiscito sobre la extensión de su estancia en el poder. A los neoyorquinos ni siquiera se les brindó esa oportunidad.

Yo, si fuera de El Diario, habría incluido a Nuestro Querido Presidente en la crítica a las intenciones tiránicas de nuestros governantes.

De ahí que por la ciudad estén rodando afiches como éste:

Written by pardodaniel

septiembre 10, 2009 at 9:44 pm

Traficantes de glucosa

leave a comment »

El objetivo es hacer que los adultos se sientan niños que se sienten adultos. En vez de ladrones y policías, acá se juega al junkie y al dealer. Es el teatro del distribuidor de heroína creado con la dulce imaginación de un niño de 7 años. ¿Cómo haría un niño de 7 años para vender drogas? Veamos.

Existe, en lo el lugar más recóndito de Brooklyn, una compañía encargada de hacer eso. Volviendo a la niñez, Club Animals mezcla el alegre mundo de colores infantil con el desviado y oscuro mundo de los adultos. Lo divertido y creativo, acá se vuelve real y depresivo. O viceversa. ¿Cómo? Club Animals tiene un teléfono (347-742-2293) al que uno llama, pronuncia un código y hace un pedido de infinitas clases de chocolates, caramelos y todo lo que a uno (o bueno: a un niño) se le pueda ocurrir en términos de azúcar. Es la fábrica de chocolates en su casa. Sólo funciona los sábados por las noches y no tiene permiso para vender. Por eso es la ilegalidad de lo infantil. Y así es como lo venden.

Suena el citófono, se abre la puerta, y entra al apartamento un tipo de dos metros vestido con una cabeza gigante de un pescado de peluche. Tiene guantes de gamuza, smoking, y uno de sus brazos está pintado de negro, mientras que el otro está descubierto. O viceverza: uno de sus brazos está pintado de piel y el otro es mera piel morena. En fin. Nate Hill es el artista de esta compañía. Por el día, el señor trabaja para un laboratorio de genética, y, por la noche, acumula una hoja de vida increiblemente bizarra, incluidas visitas turísticas a los basureros de Chinatown y peleas de rodillas entre personas que usan el transporte público. Es, en otras palabras, otra de las tantas excentricidades de este pueblo que no duerme tranquilo.

Written by pardodaniel

septiembre 8, 2009 at 9:43 pm