Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

Persiguiéndolas

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Pushkar, Rajasthan, India.

Fue una sorpresa que no me respondieran mal cuando les tomé la primera foto, siendo que hasta ese entonces -en Nueva Delhi y en Agra, donde está el Taj Mahal- todas las mujeres habían reaccionado negativamente. Pero éstas, en Pushkar, un pequeño pueblo en Rajastán, la región más colorida y turística de la India, no solo se dejaron tomar fotos, sino que posaron y lo tomaron como un juego. Por eso, y porque me había llamado la atención ver grupos de 8 o 9 mujeres andando juntas, me puse a seguirlas.

Es sábado de luna llena y las niñas están de fiesta, cantando y retozando. De lejos, sus colores vivos las hacen resaltar. Visten morados, rosados, rojos, anarajados, amarillos. Mezclados. Entrecruzados. Abigarrados. Están descalzadas y se ven sus flácidas pero delgadas barrigas. Son 9 mujeres caminando bajo el sol del sábado a principios de Febrero, época de fiestas y matrimonios en esta región que se da el lujo de tener una ciudad de cada color.

Usan turbantes pesados, pashminas, faldas y bufandas, que en relidad son safas, paags, lehangas, y duppatas, y de hecho no son puramente decorativas. El color generalmente significa casta, religión y ocasión. Los Rajputs, comunidad de Rajastán, usa azafrán, que significa cortesía. Los Brahmis rosado, los Dalits café y los Nómadas negro. Los blancos, grises y azules oscuros son para expresar tristeza en el hinduísmo. La manera como se enrolle el turbante, también, expresa clase social y origen. La combinación de rojo con amarillo es una clara evidencia de soltería y juventud, mientras que anillos en los pies y manos es propio de las mujeres casadas y con hijos. Los colores vivos en pañoletas delgadas sin enrollar, como los de las niñas, son para las fiestas y generalmente son usados por solteras. Acá tengo una mezcla, que anda con dos niñas de menos de 10 años, que no me han quitado el ojo por un segundo.

La primera vez que paran, las mujeres, las niñas y sus hijas, es en una sombra al pie de un árbol. Con sus manos pintadas con Alheña (o Henna) y tapadas en callos, riegan agua, echan pintura, prenden incienso y hacen una oración. Esto para darle gracias a los dioses por el agua, el fuego, la tierra y el sol. No importa si se ve raro o feo, la idea es dar gracias. Guardan sus gastados utensilios en sus bolsas recicladas, y juegan mientras les tomo fotos: saltan, gritan, se mecen con las ramas de un árbol. Una me pide que no le tome fotos mientras hace pipí, ahí en mitad del pueblo, tapada por los trapos de sus amigas. Paran a ver los juguetes que vende un señor, al que se le recuestan, las niñas se le cuelgan y molestan con chistes. Después paran donde otro señor que vende anillos, que respira profundo y se ve frustrado por la falta de decisión de las niñas. Compran. Compran más anillos para sus gruesas y pintadas manos llenas de anillos. Ser ríen. Paran en el templo, se alzan entre ellas, y tocan la campana para dar inicio a otro rezo. Después compran bananos, la fruta más barata de esta tierra desértica. Y por último se comen una Zamosa, típica empanada callejera de la India. Caminan algo más y, al darse cuenta o al realizar que las estoy siguiendo, la más vieja, vestida de amarillo, me pide con gestos que me vaya. Detrás de ella, una me dice, también con gestos, que se van a emborrachar para dormir.

‘Brahma (uno de los tres dioses principales del hinduísmo) regó una flor de loto en la tierra, y Pushkar apareció’, dice uno de los mitos épicos de la religión más importante de la India. Y en efecto, se trata de un pueblo de casas finamente construidas en colores lilas, tal como las Nelumbo que crecen en el agua. Hoy día, sin embargo, el lago que propició el asentamiento de una comunidad peregrina se secó, porque hace dos años que el Monsoon, la época de lluvias en la India, no ha sido suficientemente fuerte.

Esto no quiere decir que las tradiciones se hayan esfumado y la cultura se haya deprimido. Es por eso que las niñas se lavantaron temprano el sábado pasado. Para hacer el baño en las piscinas de Pushkar. Para darle gracias a dios, que en otras palabras, en otras culturas, quiere decir festejar. O dejarse tomar fotos.

Publicado en Historias – Soho en Marzo de 2010

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Written by pardodaniel

febrero 18, 2010 a 11:37 pm

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