Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

Por qué El Tiempo tiene la razón

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(Foto tomada de La silla vacía)

Nunca diría que El Tiempo está haciendo prensa competente. Yo defiendo el buen periodismo, pretendo hacer buen periodismo y pienso que El Tiempo no está haciendo buen periodismo. Pero hace rato que El Tiempo dejó de ser un ejemplo de prensa seria. Con su rediseño y su nuevo formato y sus nuevos dueños, El Tiempo demostró, ésta vez de frente, cuál es su objetivo: banalizarse. Cosa que, más allá de si es periodísticamente ético para un monopolio como es El Tiempo, es, al menos, acertado.

Hay dos formas, según lo que hemos visto alrededor del mundo, de responder  al fenómeno del Internet: volverse estúpido o volverse inteligente.

Si, en vez de Planeta, Rupert Murdoch hubiese sido el comprador de la Casa Editorial El Tiempo, habría hecho lo mismo: se habría desecho de los columnistas controversiales, como Claudia López, habría cerrado las unidades de investigación dura, como la Revista Cambio, y habría pedido a sus reporteros que se concentrasen en esas historias humanas que nos hacen sentir bien a todos, como, por ejemplo, la de los mineros en Chile.

Rupert Murdoch es el dueño de las noticias; es la persona que más medios posee en el mundo; es tan poderoso como Obama o Mark Zuckerberg. Es australiano, es cáustico, es megalómano, es perspicaz. Tanto, que hace el periodismo que la gente, la gente sin educación formal —la mayoría de los habitantes del planeta— quiere ver, oír y leer. Fox News, por ejemplo, la cadena ultra conservadora estadounidense, es suya. Bskyb, la compañía de televisión que está a punto de monopolizar —con una movida controversial— el mercado de televisión en el Reino Unido, es suya. News of the World, el tabloide más leído en el Reino Unido, es suyo. The New York Post, el único tabloide de circulación masiva en Estados Unidos, es suyo. Y The Wall Street Journal, un diario sobre finanzas con tradición periodística seria que empezó a cubrir entretenimiento y deportes con más énfasis que nunca, es suyo desde que lo compró en el 2007.

Fox News, así diga que Obama es musulmán y que Adán y Eva existieron, es la cadena con más televidentes en Estados Unidos. News of the World, así haya chuzado a la realeza en el 2006 —tema sobre el cual Murdoch pidió que no le preguntaran la semana pasada— es el periódico que más copias vende en el Reino Unido. Y The NYPost y The WSJ, a punta de hablar de celebridades más que de crisis financieras, ya desbancaron al New York Times de los primeros lugares en ventas en Estados Unidos.

¿Cómo? ¿Por qué? Porque en el mundo hay más gente ignorante que educada. Y entre más acorde a eso sea tu publicación, más gente te va a leer, ver y oír. Sobre todo en Colombia, donde apenas ochenta mil personas se gradúan como profesionales al año.

El WSJ dejó de ganar premios Pulitzer desde que Murdoch lo compró, pero pasó a ser el diario más leído de Estados Unidos. En los pasados premios Simón Bolívar, El Espectador se ganó siete premios, mientras que El Tiempo no se ganó ninguno, si no contamos el que se ganó Don Juan.

En prensa, es decir, más vale ser estúpido que ganarse premios. Y a eso le apunta El Tiempo. Claro: ellos no dirían que le apuntan a la estupidez, sino al ‘mundo de hoy en día’, el cual, hay que decir, no es que se caracterice por ser la era de la rigurosidad y la intelectualidad. Sino al contrario.

No por casualidad el señor que contrató El Tiempo es el mismo que rediseñó el Wall Street Journal, Mario García, un cubano cuya teoría es que la gente quiere leer, sin tiempo, con más color y con fotos más grandes. “Si quieres repensar la forma en que publicas tus historias, tienes que tener en cuenta que la gente las lee en sus celulares”, le dijo García a The Guardian. Y es verdad, y es lo que muchos han hecho: The Independent, por ejemplo, uno de los periódicos de mayor relevancia periodística en el Reino Unido, sacó la semana pasada una versión metropolitana de su diario, i, que la gente compra para leer en el metro y se entera de todas las noticias en veinte minutos. Algo parecido a lo que El Tiempo hace con ADN y va a hacer con MIO: periódicos gratis de lectura rápida. García cree que la gente ahora quiere leer más temas de salud y tecnología y que las investigaciones de largo aliento ya no serán del interés del público. Que la gente ya no tiene ni cabeza ni tiempo para cosas tediosas como una investigación de cinco páginas sobre las consecuencias del paramilitarimo en la economía o la reforma agraria o la ley de tierra, para poner ejemplos.

Esta semana salió en la revista del departamento de periodismo de Harvard, Nieman Journalism Lab, un artículo sobre García y El Tiempo. Dice, por un lado, que García es uno de los diseñadores más innovadores y arriesgados del mundo hoy en día. Que su visón, de hacer los periódicos más revisteros, frescos y navegables, es un ejemplo que los gringos, obsesionados con el Internet y el ocaso de los impresos, tienen que seguir. Por el otro lado, el artículo no dice de dónde viene ese periódico del que habla, El Tiempo: ¿cuál es el contexto en el que se hace el rediseño? Un país —donde todo el mundo se volvió gobiernista y las publicaciones críticas se volvieron de mal gusto y apátridas— que sólo tiene un periódico de circulación —y lectura— masiva.

Que El Tiempo lo tutée a uno, tratándolo como un niño, y le diga qué es lo que debe leer, hacer y saber, es un síntoma de que la publicación se quiere volver más cariñosa con el lector, más amigable y algo más jovial. Es volverse más trivial: más énfasis en sus guías y en sus secciones frías, y menos columnistas controversiales. Ahí quedan Ricardo Silva, León Valencia, Jorge Orlando Melo y Daniel Samper Pizano, que, a pesar de decir las cosas de frente, no son reporteros —como Daniel Coronell o Claudia López— que van a desmantelar a las mafias con irreverencia. El Tiempo se llenó de José Obdulios y Fernanados Londoño, así como Fox News se llenó de Glenn Becks y Rush Limbaughs, las dos personas mejor pagadas de los medios en la actualidad. Se llenaron de esos radicales típicos de esta era que afirman cosas sin pruebas concretas y que, con generalizaciones y frases absurdas, se aprovechan de la ignorancia de la gente.

Y eso es inteligente, porque vende más. Ahora, ¿es responsable? Definitivamente no, porque banaliza la información y reporta sin profundidad. Cosa respetable, pero no cuando la publicación en cuestión es la única que realmente está informado al país. Dice Mauricio Vargas que El Tiempo destapó el escándalo de Agro Ingreso Seguro, cuando en realidad fue Cambio, la Revista que El Tiempo cerró. También dice que, así lo critiquen, la gente sigue leyendo El Tiempo. Y eso tiene una razón concreta: es lo único que tenemos. Y es, precisamente por eso, que resulta irresponsable la decisión de banalizarse.

Muchas publicaciones en el mundo, como The Economist, The New Yorker o The Guardian, respondieron al Internet con información arriesgada de artículos largos: con análisis e investigaciones que se demoran seis meses en investigar. Con rigurosidad periodística e integridad intelectual. Y ahí van. El Tiempo, por su parte, se fue por la FoxNews-ización de su contenido. Cosa que, si bien les traerá más lectores a sus páginas, perjudicará la calidad del periodismo nacional, que, cada vez más, será aún más, cómo decirlo, estúpido.

Publicado en Kien & Ke – Noviembre de 2010

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Written by pardodaniel

noviembre 4, 2010 a 9:52 am

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