Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

A favor de El Tiempo

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Criticar a El Tiempo es fácil porque es un periódico, en general, malo. Porque es banal, te trata como un niño, no profundiza en los temas necesarios, es lambón con el gobierno y los empresarios, se le va la mano en los publireportajes, echa a sus columnistas berracos, cierra sus revistas barracas y su contenido editorial no es relevante o analítico. El Tiempo es malo porque, con la teoría de ‘llegarle a las masas’, dejó a un lado la ambición periodística aguda y arriesgada. Y se fue por la fácil: hacer periodismo ligero. Y le irá bien. Venderá.

Pero algo de bueno, periodísticamente hablando, tiene que tener. Imposible que en esas páginas de colores no haya nada rescatable. Seguro no será José Obdulio, ya lo sabemos. Pero hay que ponerse en la tarea de verlo con cuidado, a ver si algo bueno le encontramos.

Así les digan peñalosistas y anti samuelistas, la sección que cubre Bogotá en El Tiempo es buena. La revelación de las conversaciones de Germán Olano con Miguel Nule, que comprometieron a Samuel Moreno y a su hermano y senador Iván en el escándalo de las contrataciones en las obras de Bogotá, fueron una información que necesitábamos. Tanto que la fiscalía la está usando. Que Semana (y antes Cambio) hace revelaciones de ese tipo permanentemente, cierto. Y que El Tiempo no las hace cuando se trata de escándalos del Gobierno —chuzadas, falsos positivos, parapolítica—, también cierto. Pero lo hicieron esta vez con lo de Moreno, y vale. Es más, El Tiempo ha sido uno de los grandes críticos del Alcalde, y con razón. Y eso también hay que rescatársele al equipo editorial.

Pero la sección no se queda ahí, sino que todos los días, dice Lariza Pizano, especialista en Bogotá, está contando los eventos cotidianos de la ciudad con seriedad, desde la media maratón hasta los estrellones, desde los escándalos políticos hasta los eventos sociales más importantes. El Tiempo es, de lejos, la publicación que mejor informa a los capitalinos. Otra discusión es por qué El Tiempo es tan malo e irrelevante en otras regiones del país. Y otra, también, el hecho de que lo etiquetemos como un periódico nacional, cuando en otras regiones a nadie le importa. En cualquiera de esos casos, estaríamos criticando a El Tiempo. Y con razón. Pero acá lo queremos defender, o al menos reivindicar. Entonces sigamos con lo bueno.

Las caricaturas de El Tiempo no son para nada malas. Hasta Vladdo, un crítico acérrimo de El Tiempo, dice que hay cosas, a pesar de que pinten “sin autonomía ni independencia”. Pero Matador, sin ser rebelde, tiene sus apuntes y sus chistes. MIL maneja un estilo interesante. Y Papeto también es divertido. Que El Tiempo no sea capaz de tener un caricaturista sin tapujos y tan irreverente como el mismo Vladdo, u Osuna, es cierto. Pero que los que están no son malos, también vale decirlo.

La sección de deportes también funciona. Nicolás Samper, director de Fútbol Total,  dice que “la información es completa y buena”. Podría ser mejor, como todo: faltan crónicas, entrevistas largas, análisis profundos. Pero la información, sobre todo en el cuadernillo del lunes, está ahí. “La sección de deportes de El Espectador le lleva una nariz”, dice Samper, pero eso no dice que la de El Tiempo no se pueda leer. Al contrario: se deja leer, e informa.

La crítica de cine, muy en la línea que cogió el periódico con su rediseño, al volverse casi que una guía, es diversa y completa. No es tan académica como la de Semana, escrita por el columnista de El Tiempo Ricardo Silva, pero es buena y funciona para el público menos cinéfilo al que está dirigida. El mismo Silva cuenta que tienen tres críticos que cumplen funciones distintas: Mauricio Reina, un crítico y conocedor del lenguaje, escribe para el público general, es útil, práctico y sabe explicar qué le gusta o qué no; también está Juan Carlos González, editor de la única revista de cine en Colombia, Kinetoscopio; y Mauricio Laurens, un crítico de cineclub que lleva toda la vida escribiendo sobre películas. Si uno quiere ir a cine y asesorarse bien, puede confiar en El Tiempo.

Cosa que no pasa cuando se trata de temas políticamente calientes. Cuando se trata del primo de Uribe, es mejor no confiarse de El Tiempo. Cuando sea Juan Lozano, mejor complementar la lectura. Si se trata de un editorial sobre el Presidente, lea otros editoriales. Si hablan de Piedad Córdoba, sospeche. Cuando le informen de los falsos positivos, mejor ni mire. Cuando sea un informe de diez paginas sobre el presidente, tómelo como un publireportaje.

Con eso, las secciones de noticias duras, como Nación y Opinión, son incompletas. En la primera se nota demasiado que no quieren hacer enemigos en las elites políticas. Y en la segunda igual: botan a los columnistas irreverentes, reaccionarios, y dejan a los suaves, por los que nadie se queja. En secciones como Internacional y en Cultura también falta profundidad.

En la columna pasada, argumenté que El Tiempo se volvió banal para llegarle a más lectores. Y lo ha hecho, porque sus secciones frías han vuelto mejores y más importantes. Se dice mucho que, a pesar de que lo critican, todo el mundo lee El Tiempo. Y tal vez a eso sea que le apuntan: a ser una lectura de todos. Tal vez no quieran cambiar la historia del periodismo —como todos quisiéramos— con información audaz y arriesgada, pero seguirán llegando a las puertas de todos por las mañanas. Porque serán la publicación que mejor nos informe sobre, por ejemplo, la Feria del Libro.

Publicado en Kien & Ke en Noviembre de 2010.

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Written by pardodaniel

noviembre 11, 2010 a 10:38 am

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