Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

Facebook, el lugar de la noticia

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En la película está: Mark Zuckerberg, creador de Facebook, no sabía qué estaba haciendo. Cuando apenas el proyecto empezaba a coger forma, justo después de que tuvo más de 22 mil visitas en dos horas de lanzado, Zuckerberg le dijo a su amigo y co-fundador “todavía no sabemos qué es, no sabemos qué puede ser, ni qué va a ser; sólo sabemos que es chévere.” No sabía, en ese momento, en el 2004, que de sus manos había salido un invento que iba a revolucionar el mundo: la forma como los seres humanos se relacionan entre sí y la forma como, además, se informan.

Ya sabemos que Facebook es una realidad, como decía Ricardo Silva en la última portada de Arcadia. Ya sabemos que es un mundo y casi que una necesidad. Pero no sabemos muy bien qué significa en términos periodísticos; en términos de la forma como se comunica e informa la gente. Ciertamente, Facebook también tuvo un impacto importante en los medios, hasta el punto de que se puede ver como un medio de comunicación en sí.

Facebook, primero, conoce su personalidad más que nadie. Sabe de sus gustos, de su vida privada, de su carrera profesional. Gracias a eso, Facebook, también, sabe qué lee usted, qué quiere leer y qué es lo que eventualmente va a leer. Hace un año, el blog de noticias más importante de Estados Unidos, The Hufftington Post, se alió con Facebook para crear Hufftington Social News, una aplicación instalada en el perfil de Facebook de todas las personas también registradas en el Hufftington. La aplicación le recomienda las noticias que, acorde con su perfil, con las cosas que le gustan y en las que comenta, usted, según ellos, quiere leer. La diferencia con Twitter, en este caso, es que el contenido está automatizado con su perfil personal en Facebook. Alianzas como ésta Facebook tiene miles, y eso revela una cosa: Facebook es una herramienta necesaria que los medios deben usar para dirigirse al lector más preciso para su contenido.

Que eso viola la privacidad y que perjudica la libertad individual, puede ser. Que limita y sesga la información, también. Y muchos se lo han criticado a Facebook. Pero no hay duda de que el poder que tiene Facebook sobre la oferta de lecturas que tenemos es inmenso.

Con el Internet apareció el periodismo ciudadano: cualquier persona puede reportar, producir y publicar. No se necesita de un medio. Y la única forma de hacerse leer, en ese sentido, es a través de las redes sociales, Facebook y Twitter. Pero hay una diferencia: en Twitter el periodista compite con los medios que la gente sigue, los cuales pueden tener mejor contenido y más credibilidad. En Facebook, en cambio, uno no compite con nadie, y su público es gente conocida, que está interesada en conocerlo más a uno. Facebook es una ventana para el periodista en formación. Y para el formado también.

Y si es una herramienta para promoverse, también lo es para encontrar gente y hacer reportería. Ya no se necesita de los directorios ni de los teléfonos. Ni siquiera de los correos electrónicos. Con saber el nombre de una persona, encontrarlo por Facebook se ha vuelto cada vez más fácil. Aunque también puede ser una trampa: en Facebook hay mucho perfil falso que puede engañar al periodista. El mismo Hufftington Post cayó: publicó una foto sacada del perfil de Facebook del sospechoso que puso el carro bomba en Times Square en Nueva York hace un año que no era. Y fue una irresponsabilidad. En Facebook, como en todo Internet, uno no sabe quién escribió y por qué, aunque puede averiguarlo: así no esté seguro si se trata de la persona que busca, Facebook al menos da una pista. Y es que Facebook es tan importante, tan parte de la normalidad de todos los días, que ya es raro conocer a alguien que no lo tenga. Es decir que, si la persona que uno busca no tiene Facebook, el periodista ahí ya tiene una pista: su personaje tiene algo que ocultar.

La gente lee lo que cree que es bueno: lo que considera relevante y lo que tiene credibilidad. Y como más vale malo conocido que bueno por conocer, uno tiende más a leer lo que publican y recomiendan sus amigos que lo de gente desconocida. Además, los gustos de las personas que uno conoce son muy parecidos, y eso aumenta la posibilidad de que el clic se haga en Facebook, una red social de ‘amigos’.

Facebook, así como Twitter, tiene inmediatez. Yo, por ejemplo, me enteré de la muerte de Michael Jackson por Facebook. Y en eventos como las elecciones en Irán el año pasado, la guerra de Afganistán, el Mundial o las recientes elecciones en Colombia, estas redes sociales tuvieron un protagonismo sin precedentes. La gran diferencia en este punto es que Facebook tiene 620 millones de usuarios, mientras que Twitter tiene apenas 175 millones.

Hablando de las elecciones, todos recordamos, por allá en el fondo de nuestras memorias, a la ola Verde, que se gestó y creció por medio de Facebook. Le pusieron
‘El voto Facebook’, armaron grupos de seguidores por medio mundo y casi un millón de personas le dio el ‘Like’ el perfil de Mockus. No es que el hecho de que hayan perdido las elecciones demuestre que Facebook es efímero, sino que el punto hasta el que llegaron —sin campaña, con plata, sin agenda— demuestra el alcance que tiene la red social. Así esto hable del peso político de Facebook, lo de la ola Verde reveló el poder mediático que tiene Facebook.

Si con Facebook aparecieron ventajas en el mundo de la información, también aparecieron problemas. Porque dependemos de ese niño de pelo chuto que lleva su vida entera descifrando, articulando y analizando códigos en un computador, Mark Zuckerberg. Como todos los nuevos monopolios en los medios, como pasa con Google y Apple, con Facebook corremos el riesgo de no poder leer lo que Facebook no quiera que leamos. Además, con el tiempo van a  crecer las alianzas que Facebook tiene con medios que no necesariamente son de nuestras preferencia. El filtro de la información, una vez más, se va a sesgar con el tiempo.

El mismo creador de Internet, Sir Tim Berners-Lee, lo alertó esta semana: “La web está amenazada: unos de sus más exitosos habitantes (Facebook, entre otros) han empezado a deteriorar sus principios. Entre más uno entra, más amarrado está. Tu red social se convierte en una plataforma central; un depósito cerrado que no te da control sobre la información. Entre más crezca este tipo de arquitectura, más fragmentada se vuelve la red y menos vamos a poder disfrutarla como un libre espacio de información universal”.

Facebook, evidentemente, no es color de rosa. Viene con sus violaciones a la privacidad, el aprovechamiento comercial de la información que tiene y la monopolización de la información que leemos. Porque, como todo medio, es un negocio que dicta sus movidas dependiendo del mercado. Y si una publicación le paga por poner su contenido de primero —como planea hacer un criticado acuerdo entre Google y Verizon—, lo va a hacer. Es muy probable que usted haya llegado a éste artículo a través de Facebook. Y eso no es en vano. Es, al contrario, porque Facebook lo está mirando.

Publicado en Kien & Ke en noviembre de 2010.

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Written by pardodaniel

noviembre 25, 2010 a 11:36 pm

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