Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

Colombia, Wikileaks y el periodismo

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Confieso que todavía no sé qué pienso de Wikileaks. Ha sido una avalancha de información inconcebible. Si uno se fuera a leer los 250 mil cables que publicaron la semana pasada, le tomaría 70 años, trabajando fines de semana. Y lo que es peor: nos tendremos que acostumbrar, porque, así les tumben la página una y otra vez, Wikileaks vino para quedarse. Así es el mundo en el que vivimos, donde una noticia apaga la otra y se acaba en un segundo el tiempo de digestión de cada una. Bienvenidos, es decir, a la paradoja que han llamado la Era de la información.

La primera impresión que dejaron las filtraciones del Departamento de Estado gringo es que no dicen nada nuevo, y que, más que todo, son una muestra de que sus métodos diplomáticos son embarazosos. Sin embargo, más allá de si ya sabíamos que la Embajada norteamericana es un hervidero de sospechas arbitrarias, que sus intenciones imperialistas siguen vivas, que Irán es una amenaza, que Berlusconni es una loca, que Putin es un corrupto, y demás, los documentos están aterrizando pensamientos que no habían sido comprobados.

Y lo mismo pasa con Colombia, al menos con lo que se ha publicado hasta ahora, que es poco. Los documentos, en su mayoría informes para el gobierno Bush, menos uno directamente diligenciado por la oficina de Hillary Clinton, hablan de cosas que suponíamos. Pero así no sean muchos ni muy ricos en información nueva, nadie se ha puesto en la tarea de ver qué dicen. Tal vez porque falta que los cables revelen la versión íntima de la ayuda que nos dan los gringos en la lucha contra el narcotráfico; y falta ver qué dicen sobre el bochinche entre Uribe y Chávez; y falta que nos aclaren el tema de las bases. Hay mucho que está por resolverse en el caso WikiColombia, como le puso María Jimena Duzán en su columna de ayer, donde también, con razón, dice que estamos en las manos de El País y de los demás medios escogidos por Wikileaks para revelar los cables, quienes, dependiendo de su agenda, publicarán en los próximos días lo que hay sobre Colombia.

Pero vale la pena preguntarse: ¿qué hay sobre Colombia en lo que se ha publicado hasta ahora?

Hay un documento que confirma que Brasil no estaba feliz con el acuerdo de las bases gringas en Colombia, que Brasil veía las agresiones entre Chávez y Uribe como estrategias de campaña y que Brasil desaprobaba la segunda reelección de Uribe.

Hay otro enviado desde la Embajada gringa en Caracas que demuestra la preocupación de Estados Unidos frente a los médicos cubanos que escapaban de Venezuela vía Colombia, desesperados con el régimen de Chávez y con las labores politiqueras que les tocaba hacer.

En uno de la Embajada en Paris se confirma que los franceses criticaron el ataque al campamento de Reyes porque ponía en peligro a Íngrid. Hay otro de esa embajada que confirma la obsesión —durante la campaña— de Sarkozy por liberar a Íngrid, pues estaba incluso dispuesto a “negociar con el diablo”, Hugo Chávez.

Otro enviado desde España dice que el gobierno de ese país veía con preocupación lo que podría pasar en la era post-Uribe, aunque hubiese “gente inteligente” en la izquierda como Carlos Gaviria. En el documento también está la visión de Aznar, que recomienda a los gringos apoyar a Uribe y firmar el TLC.

Uno de los cables que más ha generado comentarios es el que diligenció la oficina de Hillary Clinton preguntando a diferentes embajadas por los temas que le preocupaban, entre ellos la posibilidad de que Irán le esté dando entrenamiento y financiación a la guerrilla en Colombia.

En un documento enviado por la Embajada en Tailandia, los gringos le recomiendan al Departamento de Estado que presione a Colombia para que pida la extradición de Viktor Bout, el traficante de armas ruso que aparentemente hizo negocios con las FARC.

Por último, en un reporte de la Embajada en México de la Cumbre de Río celebrada en Playa del Cármen en febrero de este año, los gringos cuentan su visión sobre lo que pasó —cuando Chávez, Uribe y Correa, supuestamente, hicieron las paces—: “no se logró nada”.

Ahora, más allá de la información que está en el documento mismo, ¿qué es Wikileaks y qué significa para el periodismo?

Lo de Wikileaks y su cerebro Julian Assange —un hacker más que un periodista— no es color de rosa, como parece ser. Primero, tiene una parcialidad política —”abrimos gobiernos”, dice su bio en Twitter— que los pone en una posición casi arbitraria en contra de los gobiernos, pues supone que todo lo que viene de ellos es malo. Segundo, el hecho de que hayan escogido periódicos de corte liberal, occidentales todos, y que Assange no cumpla la orden de captura que le puso Suecia, demuestra que su transparencia puede ponerse en discusión. Tercero, Wikileaks no es necesariamente bueno para el periodismo: si bien se aliaron con los medios, el perfil de Assange publicado en The New Yorker hace seis meses —y el pobre análisis que se le ha dado a cada filtración— deja ver que Wikileaks no es amiga de la mediación e interpretación del periodista. Cuarto, el interés público —el gran argumento con el que se justifica Wikileaks— tiene límites, uno de ellos el derecho a la privacidad. Chuzar a la gente o encubrir a las fuentes no puede ser siempre justificado por el interés público. Y quinto: especular y secretear, así como la libre expresión, son derechos fundamentales. Los gringos quedan mal parados ante los cables porque especulan sobre las cosas que les preocupan, y de ello tienen todo el derecho.

Pero van a tener que aprender a vivir con que se sepan sus especulaciones y sus secretos, porque va a ser cada vez más difícil mantener la información encubierta. Y esa es, faltaba más, una buena noticia, para el periodismo, la democracia y la verdad. Pero el fin no justifica los medios, y hay que saber que el interés público y la confidencialidad tienen límites, derechos y deberes.

No es que yo esté en contra de Wikileaks. Estoy de acuerdo con Héctor Abad: hay que combatir la hipocresía. Y con María Elvira Samper: primero la gente que las picardías de los gobiernos. Y con Daniel Samper Pizano: este es un fenómeno que el periodismo no conocía. Y con Umberto Eco: los gobiernos deben dar explicación de todo lo que hacen a sus ciudadanos. Y con el mismo Assange: la geopolítica va a tener un antes y un post después del Cablegate. Y con todos los que defienden la libertad de prensa, la verdad, el buen gobierno, la democracia y el periodismo revolucionario. Pero Wikileaks, repito, no es color de rosa.

Y por eso todavía no sé qué pensar. Lo único que sé es que Wikileaks no se va a callar: se viene lo del Bank of America, lo de Guantánamo y lo de la British Petroleum. Y que no se callen nos va a tener a todos los periodistas pegados a las noticias durante esta navidad, pendientes de lo que quiera que haga Wikileaks con las filtraciones que le llegan. Bienvenidos, una vez más, al paraíso de la Era de la información.

Publicado en Revisra Kien & Ke en diciembre de 2010.

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Written by pardodaniel

diciembre 7, 2010 a 11:02 am

Publicado en Kien & Ke

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