Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

Claudia López, Yamuhre y la libertad de expresión

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Así le hayan dado innumerables golpes a la libertad de prensa en Colombia en los últimos diez años, no podemos llegar al punto en que –léase bien– todo cuestionamiento a una crítica que alguien le hace al establecimiento se entienda como un atentado contra la libertad de expresión. Que estemos en una democracia donde la pluralidad y la diferencia se deben tolerar no significa que uno pueda decir lo que se le antoje.

La libertad de expresión es un tema lleno de matices que no es ni blanco ni negro. Pero sabemos una cosa: mentir, en cualquier país del mundo, es ilegal. Y una cosa más: opinar, en cualquier democracia del mundo, es legal.

Y es que en las últimas semanas me llamó la atención la actitud que tomaron algunos comentaristas en Twitter, entre ellos @HELIODOPTERO, un twittero reconocido por su antiuribismo radical. En sus trinos él y demás seguidores de su causa estaban dándole palo a Fidel Cano por tener a Ernesto Yamhure, uno de los defensores de cantera del uribismo, como columnista en El Espectador, y a la vez estaban dándole gritos de solidaridad a Claudia López –una columnista que enfrenta una demanda por injuria y calumnia puesta por el ex presidente Ernesto Samper– en nombre de la libertad de expresión.

¿No es esto una incoherencia? Y más allá de ella, ¿se ha vuelto la libertad de expresión en Colombia una excusa para criticar al poder? ¿Se politizó el debate sobre la libertad de expresión?

En el caso de Claudia López, los comentarios que se leen en #sampervslopez y #apoyoaclaudialópez demuestran que la libertad de expresión se está usando como recurso de la militancia política. Y a eso no podemos llegar.

El caso no es fácil de explicar ni entender. Samper demandó, como bien lo explica Juanita León en La silla vacía, porque, según él, López lo acusa de un hecho deshonroso y por un delito que, según la justicia, no ha sido comprobado: que Samper tuvo que ver con el asesinato de la Monita retrechera. Pero en la columna de López la acusación no es explícita, sino que es más una insinuación, y de ahí que el juicio del lunes pasado se haya reducido a si se trató de una opinión o de una acusación. Un columnista tiene derecho a opinar lo que quiera y a imaginarse lo que le venga en gana, pero no puede acusar sin tener pruebas: no puede decir mentiras. Y ahí es que está el dilema.

Pero los comentarios me hicieron pensar que este dilema se está usando para politizar el debate. Siento que ahora cualquier crítica hacia un antiuribista o hacia alguien que esté en contra del establecimiento se está etiquetando como una violación a la libertad de expresión. Y eso ya es demasiado. La libertad de expresión hay que defenderla a toda costa, sí, pero no se puede usar como arma política, como una excusa para darle palo al poder.

¿Por qué el debate sobre López y la libertad de expresión se politizó?

Ella y su antiribismo se convirtieron hace rato en un símbolo de la libertad de expresión, cuando la echaron de El Tiempo por sus valientes revelaciones en el caso de la parapolítica. El Periódico y su director dijeron que la despidieron porque se metió con los redactores, pero no hay duda de que las denuncias, que ponían en jaque al gobierno de Uribe, tuvieron mucho que ver. Con eso, López quedó etiquetada, con razón, como un referente de la libertad de expresión, porque la callaron. Pero ese fue un caso distinto al de Samper. En este último, el hecho de que estén violando la libertad de expresión de López no es tan claro como en el anterior. Y asumir, de entrada, que si la justicia falla en su contra es porque le están cobrando sus revelaciones de parapolítica sería especular: sería conspirar en contra del establecimiento. De ser el caso, si la condenaran sabiendo que es inocente, tocaría comprobarlo, porque sería muy grave.

Por otro lado, el debate se ha politizado porque todo lo que tiene que ver con el gobierno de Uribe tiende a polarizar. No es sino que se mencione el nombre del ex presidente para que los colombianos se vayan a sus esquinas y se preparen para una palea furiosa y dogmática contra sus opositores. Uribe, inherentemente, inspira militancia política. Pero cuando se trata de libertad de expresión hay que ser objetivos y rigurosos. Decir que la libertad de expresión está en juego y que esto es un complot de los poderosos para callar las voces de la opinión y la oposición, una idea que está por todo lado en los comentarios de Twitter y del cubrimiento del juicio de La silla vacía, sería caer en un lugar común demasiado politizado.

Y así sea de mal gusto que un ex presidente se meta con periodistas de la oposición –y sobre todo con los que, con argumentos, más duro le han dado al establecimiento–, Samper está en su derecho de pedir que López rectifique, si es que dijo mentiras. Pero si no las dijo, sino que simplemente opinó, ahí sí que Samper no tiene con qué pelear: la opinión es un derecho fundamental en una democracia, y si logran comprobar que la columna de López contra Samper fue mera opinión, ella está en su derecho. Por eso digo que el caso no es fácil, y que hay que tener cuidado con no volverlo una riña política.

No es que yo esté de la parte de alguno, o en contra de López: que los columnistas digan lo que quieran, porque están en su derecho. Ellos verán si se creen mentiras o no, si dicen barbaridades o no.

Y eso es lo que pasa con Ernesto Yamhure. El señor puede parecer un chiste, porque es increíble que a estas alturas alguien siga defendiendo el gobierno de Álvaro Uribe con tanto dogmatismo; porque es absurdo que alguien pueda tener opiniones tan sesgadas. Pero si al señor se le da la gana tenerlas, que las tenga. Y El Espectador también tiene todo su derecho a mantenerlo en sus páginas de opinión. Primero porque los columnistas de un periódico no tienen nada que ver con su línea editorial y política. Y segundo porque los periódicos –y sobre todo El Espectador, que es un referente de opinión y libertad– deben ser el espacio donde la gente manifieste sus ideas, por absurdas que estas sean. Y por increíble que esto parezca, además, en este país hay gente que se identifica con las opiniones de Yamhure. Que lo callaran sería, precisamente, un atentado contra la libertad de expresión.

El debate sobre la libertad de expresión se ha politizado, digo, porque los opositores al uribismo lo han empezado a usar para todo. Y con algo de razón, porque es verdad que el gobierno anterior no fue el mejor amigo de ésta. Gracias a su influencia cerraron Cambio, una revista que hizo su trabajo periodístico de manera rigurosa. También por su influencia echaron a la misma López de El Tiempo y condenaron la labor de periodistas juiciosos como Hollman Morris y Daniel Coronell. Sin embargo, de ahí a decir que Samper y el poder quieren censurar a López y que Yamhure debería ser censurado porque defiende a Uribe y critica a Santos hay un paso en falso que, de hecho, violaría la libertad de expresión. Así que juicio con esos matices, por favor.

Publicado en Kien y Ke en enero de 2010.

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Written by pardodaniel

enero 27, 2011 a 6:56 pm

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