Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

Archive for abril 2011

La boda boba

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Y pensar que a nadie le importa. Pensar que, por ejemplo, al 75% de los británicos la boda Real “no les podría importar menos”. Y seguir con que a más de la mitad de los ingleses les parece que la realeza no sirve para nada.

El matrimonio del príncipe de Inglaterra no habría sido lo mismo si el cielo de Londres estuviera azul y el sol estuviera radiante. Habría sido raro, fuera de contexto. Como casi siempre, el cielo hoy amaneció gris y con ganas de llover. La gente, maquillada y vestida como si estuvieran invitados, empezó a salir desde las nueve a sus respectivas celebraciones, en la calle, bares y parques. La ciudad hoy está de matrimonio, elegantísima, como si todos estuviéramos invitados.

Y, sin embargo, a nadie le importa. El año pasado, el periódico gratis de Londres, Evening Standard, reportó que los anarquistas iban a hacer un atentado en matrimonio de hoy, pero ni a ellos les importa, como manifestaron de manera literal en un comunicado. Y por un ningún lado se vieron los anarquistas esta mañana. Un estudio reveló que los británicos se refieren más a la realeza para burlarse que para otra cosa.

Pensar que a nadie le importa y que, sin embargo, más de dos billones de personas vieron el evento gracias a la transmisión de la BBC, el único medio autorizado para reportar de primera mano. A nadie le importa, pero hay un grupo de gente, Republic, que hace más de 30 años exige la renuncia de la Reina de Inglaterra con el argumento de que una figura tan importante debería ser elegida por medio del escrutinio democrático. Pero su causa es tan absurda, que incluso su director estaba invitado al evento.

La mayoría de los británicos se toman esto como un chiste, mientras que hay mucha gente al rededor del mundo que se lo toman como la boda del siglo. A Londres llegaron más de un millón de personas solo por estar acá el día del matrimonio. Alemania fue el país que más trajo. Hoy se generaron 50 mil empleos. En las transmisiones del matrimonio al rededor de la ciudad, en Hyde Park y Trafalgar Square, se vieron más turistas que ingleses. Incluso, había un personaje con la camiseta de Colombia, el muy patriota. Los norteamericanos, por otro lado, se vuelven ingleses por estos días: “de todas las cosas irritantes que tienen que ver con la realeza –el materialismo, la invasión a la privacidad, la aburrida televisión– nada es más problemático que los no ingleses que se vuelven ingleses”, escribió Mark Oppnheimer esta semana. Dicen que los gringos y los franceses ven la boda real con cierta envidia.

Y dizque a nadie le importa. Josh Clarke, periodista deportivo de Goal, no sabía el nombre de la novia. Dominic Pollard, de Sport, se fue para Amsterdam porque de lo contrario su mamá lo obligaba a ir a su casa en el norte a ver la ceremonia en familia. A Rebecca Harris, mesera de un bar, no le importan el matrimonio ni los novios, sino el ambiente mágico y fiestero. Por eso hoy salió vestida de novia. Gary Horne, periodista de la BBC y profesor, me dijo que Inglaterra, como cualquier otro país, necesita elementos que los una como nación. Y este, la realza, que causa furor cuando los príncipes se casan, es uno de ellos.

A los ingleses les gusta hablar de los demás. Son gente curiosa, burlona, que vive mucho del qué dirán. Las mujeres acá no salen de la casa sin maquillarse. Para bien o para burlarse, pero casi nunca para despotricar, los ingleses son muy dados al chisme. Y por eso, además del despliegue mediático que busca resaltar la aristocracia de un país civilizado y educado, es que esto le importa a mucha gente. Incluido usted, que sigue leyendo.

Por eso hoy se hicieron fiestas por toda Inglaterra bajo la excusa del matrimonio, las cuales generaron 400 toneladas de basura. Por eso una cadena de pizzerías tradujo su menú a 20 idiomas, desde polaco hasta portugués, como preparación para el evento.

Por eso el Daily Mail, el tabloide inglés que por tradición cubre a la realeza, se declaró ofendido tras un artículo en el que Dar Speigel sentenció que los medios se sobreactuaron con la cobertura del evento.

Por eso hubo una persona que se instaló desde el lunes al pie de la catedral de Webmister Abbey para ver el desfile en primera fila. Y por eso, porque acá todo el mundo es educadísimo, el príncipe la visitó el miércoles por la noche.

Por eso la central de transportes hizo una edición limitada de tarjetas para el metro, más conocidas como Oyster card, con una fotos de la pareja. Porque la boda real lo justifica.

Justifica, también, que todos aquellos que gozan del nombre Kate o William enteraran gratis hoy al zoológico de Londres. También justifica que le hayan puesto esos nombres a dos de los micos, aunque después de haberlos bautizado sus cuidadores se dieron cuenta que ambos eran machos y el homenaje terminó siendo un fracaso.

Pero la boda real lo justifica todo, como hacer fiestas por toda la ciudad. Las calles son el escenario.

Esta noche, el museo V&A, uno de los más importantes de la ciudad, hará una fiesta al frente de su edificio victoriano. Hay premio para el mejor vestido de novia, talleres para crear joyería real, juegos como tirar platos reales, discursos y chistes.

A medida que usted lee, en The Queen of Hoxton, uno de los bares más divertidos del este de Londres, la gente baila en el techo del edificio. Hay un vicario comediante que presenta el evento y está, en este momento, ebrio. Hay ponqué de dos metro y Karaoke.

En el parque Victoria, también en el este, están en un torneo de dobles de croquet, ese juego que consiste en golpear bolas de madera o plástico con un mazo y meterlas por unos aros enterrados en el pasto.

En la fiesta del bar Water Poet hay un concurso del que más Gin & Tonics se tome fondo blanco, una exposición de fotos que se burlan de la realeza y un barbero, Jack el destripador, que presta su servicio de barbería.

La asociación de bartenders de Londres realizó un concurso, Be At One, de la pareja que más se pareciera a Kate y Will en diez bares de la ciudad. Los ganadores se van a casar este año y su luna de miel será en Kenia, donde Will propuso matrimonio a Kate.

Hay innumerables fiestas que hace una réplica del evento real, con novios, votos, padrinos y fiesta. The Big Fat Royal Wedding es una de ellas, cuyas ganancias irán a caridad.

La famosa rapera Ida Barr, que se inventó el género rap artificial, fue la anfitriona de un bingo temático de la boda real.

La fiesta gitana es esta noche en el Workingmen’s Club del este de Londres. Habrá un concurso de la novia que mejor baile como Shakira y las mujeres en medias veladas azules, porque la realeza es de sangre azul, tienen descuento. Habrá sánduches de cocombro, típico inglés.

La boda real alternativa será en un bar que se llama Feeling Gloomy, o ‘Sintiéndose triste’. Es una celebración del anti amor: de gente con carteles que dicen ‘el amor duele’ y ‘el final está cerca’. La llaman la discoteca del divorcio, porque eso es lo que promueven. Habrá subasta de solteros.

La Camp Royale en Clapham Common es una fiesta en un parque donde la gente se quedará a dormir y armará festín. Los precios para quedarse, sin carpa, empiezan en 100 dólares, y terminan en 5 mil, con una suite real.

Que la boda real no le importe a nadie no quiere decir que no sea una excusa nacional para irse de fiesta. Hoy es una de las pocas fiestas nacionales que se hacen en este país. En este momento, tres de la tarde, hay gente dormida en las calles de la borrachera. Cuando los ingleses se van de fiestas sacan el animal derrochador y abatanado que tienen dentro. Durante la semana todos son los más de amables y educados. De fiesta son animales.

Animales que no solo consumen licor, sino también objetos. Hoy, también, es el festival del materialismo. El museo de las marcas, uno de los más divertidos de la ciudad, tiene un especial con todo tipo de platos, toallas, vasos y artefactos con temática de la boda real. El show, además, compara la situación económica en la que estaba el Reino Unido durante cada una de las boda: el boom de los 80 en la del príncipe Carlos y la crisis actual. El vestido que Kate usó en la fiesta de compromiso en noviembre pasado, diseñado por Issa London, se vendió minutos después del evento por internet. Una semana después, Tesco, la cadena de mercados y empresa más grande del Reino Unido, sacó una réplica por 30 dólares. Y hoy se veían mucha mujeres por la calle disfrazadas de la fiesta de compromiso. Love Hearts son los dulces que sacaron para celebrar, que vienen con la fecha grabada y la frase ‘recién casados’. Amazon vende cartones de tamaño humano de la pareja. Si no le bastó la sobredosis de información, en este momento ya es posible comprar La boda Real para Dummies en internet. Hay una película –pésima, según las reseñas– sobre la pareja real, William and Kate. Dunkin Donuts hizo un donut especial en forma de corazón. Hay una serie de historietas cómicas. Hay condones de la boda real. Hay . Hay Bolsas de vomitar tipo avión de la boda real.

Esto es el festival del derroche. En un país que está en una crisis económica a la que el gobierno respondió con todo tipo de medidas austeras, como cortes a la educación, la salud y demás. Aun así, invitaron 1,900 personas a la ceremonia y fiesta. En vez de las tradicionales tres platos, los chef prepararon 15 entradas por persona. En total, hicieron 10 mil platos. El cuarto donde quedó Middleton anoche vale 8 mil dólares la noche y los 71 cuartos del hotel están ocupados por su familia.

Kate, de 29 años, es la novia real más vieja de la historia. No tuvo ninguna responsabilidad: la única decisión que tuvo que tomar fue, bueno, casarse, y el vestido. Desde que se case, ya nadie la va a poder llamar Kate, sino Princesa Catherine, la sexta, y su trabajo se reducirá a acompañar a su esposo. Facebook cerró ayer todas la cuentas de mujeres llamadas Kate Milddleton.

La reina se gana 83 millones de dólares al año, con lo que paga una gran cantidad de eventos, regalos y joyas. Tiene, sin embargo, un portafolio de 500 millones de dólares en acciones. Su hijo Carlos tiene uno de mil millones, que será lo que probablemente heredará William. Harry, el menor, tiene un portafolio de 10 millones.

A la Corona no le bastó con no invitar a los dos últimos Primer ministros laboristas, con los que tuvo una relación de altas y bajas, sino que tuvo la impertinencia de invitar al embajador de Siria, país cuyo gobierno, también a medida que usted lee, está matando civiles que protestan en contra de la represión y autoridad estatal. Ayer, no obstante, la Oficina de asuntos Internacionales desinvitó al embajador. La mayoría de la invitaciones, diligenciadas por la Reina en persona, fueron enviadas vía fax.

En la ceremonia, la realeza se sentó al lado derecho de la Catedral, mientras que el resto de civiles lo hizo a la izquierda. Todas las mujeres se tenían que poner sombrero para mostrar respeto. Como lo hizo por petición propia Lady Di hace 30 años, Kate dejó por fuera de los votos la expresión ‘te voy a obedecer’.

El derroche y la exageración, es decir, también se vieron en términos de la formalidad. Las botas de los soldados reales se demoran, en promedio, 30 horas en ser lustradas. Entre ellos compiten por las botas mejor lustradas. Primero las limpian con cera estampada y usan fuego para quitarla. Después polichan, echan agua y por último, más por tradición, les escupen. La pintura de los pelajes de sus cascos no es permanente, así que, de haber llovido, sus caras de habrían visto rojas durante al ceremonia.

¿Y el príncipe William? Pensar que todo esto se trata de él y es poco lo que se puede decir sobre él. ¿Qué se puede decir sobre la persona más formal, educada y políticamente correcta del mundo? Tal que su despedida de soltero fue un partido de fútbol cinco que perdió y que, más importante, si él y los 5 mil herederos del trono que le siguen en la fila se mueren, ya se sabe quién es el heredero número 4973: Karin Vogel, un joven alemán que dijo no estar dispuesto a ser rey de Inglaterra.

Fotos: Juan Daniel Taboada.

Publicado en Kien & Ke en abril de 2011.

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abril 30, 2011 at 11:24 am

La gente y sus comentarios

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Daniel Samper Pizano, uno de los columnistas más leídos y relevantes del país, cerró los comentarios de su columna en ElTiempo.com por dos razones: “para sanear el recurso del debate, dominado por matones, y para cerrarle las puertas a los que se dedican a calumniar e insultar”. Después el periódico le garantizó un sistema para impedir el anonimato cobarde, pero fue imposible, y desde entonces, 2007, Cambalache, de lejos una de las mejores columnas en Colombia, recibe sus comentarios vía correo electrónico.

Groserías, errores de ortografía, signos sucesivos de exclamación, párrafos en mayúsculas, jajaja, críticas banales, redacción e insultos tipo @AlvaroUribeVel: en los foros de internet en Colombia se ve de todo menos argumentos constructivos y opiniones sensatas. Acá todos nos creemos sabios y una de nuestras tradiciones nacionales es hablar mal de los demás sin tener argumentos. Todos escribimos mejor que los columnistas. Todos somos más inteligentes. Que Samper Pizano, uno de los históricos comentaristas del país, tenga cerrados los comentarios de su columna es un indicador más de que los medios en Colombia lo tienen casi todo mal. Y, una vez más: no es culpa de los medios, sino de este pueblo ignorante que somos.

¿Por qué es imposible que los colombianos hagamos debates constructivos en los foros que se generan en los medios digitales? ¿Habrá forma de que algún día esos comentarios sirvan para algo?

Desde que se inventaron esta ciencia dedicada a la información, los escritores han lidiado con sus consumidores de una u otra forma. Son ellos quienes los mantienen, al fin y al cabo, y lo mínimo es que les den voz y los mantengan contentos. La voz del lector es parte esencial, e incluso necesaria, del ejercicio periodístico y democrático. Antes las cartas que llegaban a los editores eran bien estudiadas y su publicación significaba cierto compromiso del medio con lo que decían sus lectores. Iban a la sección de correo, al principio de la edición impresa del medio. Pero ahora que los comentarios se publican sin edición al final de cada artículo y con la posibilidad del anonimato todo cambió. Y, por alguna razón extraña, y sobre todo en Colombia, resultó que el internet justifica que los medios permitan comentarios difamatorios e insensatos en sus páginas. Cuando no deberían. Se supone que el internet facilita esta necesaria faceta del periodismo, pero en Colombia lo único que hace es degenerarla.

Porque hay casos donde los comentarios son tan enriquecedores como la columna en sí. En el Washington Post, por ejemplo, participan profesores y periodistas de otros medios. En el Reino Unido, los comentarios son parte de la publicación en sí y están, como la prensa, sometidos a los sistemas de requisitos en cuanto a difamación, injuria y demás. La legendaria sección de opinión del Guardian, Comment is free, está basada en recoger los comentarios más sesudos de la gente y volverlos columnas como tal. Los comentaristas se vuelven columnistas, y de ahí han salido los opinadores más importantes de ese periódico. Los comentarios del Economist vienen de mandatarios del mundo entero. En el Hufftington Post, una publicación en internet que se faja cadenas de más de dos mil comentarios por artículo, los columnistas están en la obligación de responder a los comentarios que les hacen.

Pero ¿usted se imagina si nuestros mandatarios, esos que gritan insultos por las redes sociales, comentaran en nuestros medios? O ¿se imagina que Daniel Coronell participara en los foros que se generan en sus columnas de Samana? Sería espléndido. Pero ¿cómo va a responder a comentarios que se reducen a adjetivos como ‘comunista’, ‘apátrida’, ‘narcotraficante’? No hay forma. Y por eso la mayoría de los columnistas en Colombia no leen los comentarios: porque es un desgaste innecesario que no va a ningún lado. Fidel Cano se quejaba ayer de que los comentaristas no entendieron el título del artículo sobre el periodista y canciller de las FARC, Joaquín Pérez, en El Espectador: “Nuevo periodismo”. ¿Cómo le vamos a pedir a los lectores, entonces, que comenten con sensatez, si ni siquiera entienden la ironía?

Hay diferentes formas de manejar los comentarios: se pueden filtrar y solo publicar los que son buenos y no vienen de anónimos; o se puede dejar el espacio abierto para que cualquier idea sea publicada sin edición. Es la eterna paradoja en la que vivimos en este país: cerrar esos espacio es anti democrático y roza la censura, pero abrirlo da con la impertinencia de la gente. Como el internet permite que todo el mundo lea los comentarios, y como la cultura del solapado reina en este pueblo, la gente se registra con otro nombre o publica con un anónimo. Y como en Colombia se cree que el éxito del artículo y la publicación depende del número de comentarios, los filtros no filtran nada. Esa es una de las pocas cosas que los medios pueden hacer para responder a la insolencia de sus comentaristas: rigurosidad en los filtros y crear una base de comentaristas fijos y registrados en los se puede confiar.

Pero, de resto, no veo qué más pueden hacer los medios para solucionar este problema. Acá estamos lidiando con la mala educación de la gente, cuya única forma de evitar es cerrándoles las puertas de la fiesta. Los medios tienen por qué reservarse el derecho de admisión. Yo, como Samper Pizano, cerraría los comentarios. Caer en la clásica conclusión de que la solución es educar a la gente ya me parece soso. O acaso ¿qué más vamos a hacer? ¿Pedirle a la gente que responda con argumentos a la interpretación de Antonio Caballero sobre la ley de tierras? Nos va mejor si apagamos y nos vamos.

Publicado en Kien & Ke en abril de 2011.

Written by pardodaniel

abril 28, 2011 at 3:04 pm

Por qué no bañarse

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Una de las tantas malas costumbres que tenemos los latinoamericanos y colombianos, me voy a atrever a decirlo, es bañarse. Digo: es necesario bañarse más frecuentemente que no. Pero, si uno se pone a pensar, esa costumbre de bañarse todos los santos días es innecesaria y tiene varios inconvenientes.

Yo dejé de bañarme todos los días durante un invierno que felizmente viví lejos de Colombia. No me daban ganas, no veía la necesidad, me quitaba tiempo, costaba mucho dinero. En fin. Los colombianos con los que compartí ese invierno conmigo también vivieron esa transformación en sus costumbres. No fue difícil, sino natural. Teníamos la mentalidad de que no bañarse todos los días era una cochinada, pero después de un tiempo nos pareció lo más normal del mundo. Porque, como le digo, bañarse no es necesario.

En Colombia llevamos algo más de 200 años tratando de entender por qué los países del hemisferio norte logran salir de la miseria en 30 años y nosotros nada que lo logramos. Hemos pasado por todas las teorías: que es el clima, que es la cultura, que es la historia, que, incluso, es todo culpa del primer mundo. Pero ¿por qué nadie se ha preguntado que, tal vez, bañarnos todos los días sea la causa de todos nuestros escollos? Después de la segunda guerra, Alemania estaba tres veces más mal de lo que está Colombia hoy. Y véalos. Y los tipos no se bañan todos los días. ¿Me va a decir que bañarse es entonces un indicador de higiene, civilización y cultura? Al contrario, más bien: bañarse es un indicador de incultura, brutalidad y insensatez.

Para mí que bañarse todos los días no es necesario, a menos de que uno sea atleta. Para mí que esto es una maña de país tercermundista que no logro descifrar de dónde sacamos. No fueron los españoles, claramente. Ni los indígenas. No sé quién nos metió la cabeza que bañarse todos los día es necesario. En todo caso, no lo es. Y estamos equivocados. Y por eso acá van 10 argumentos para que deje de bañarse todos los días. O para que, al menos, se dé cuenta de la atrocidad que está cometiendo.

Porque se enferma. Un estudio de la National Academy of Science en Estados Unidos descubrió que tres de cada cuatro regaderas están sucias y propagan unas bacterias, mycobacterium, que pueden generar cáncer de pulmón. Después de encontrar esto, el estudio se dio cuenta de que las personas que se bañan tienen más posibilidades de tener cáncer de pulmón. Los síntomas incluyen cansancio, tos, asma y debilidad.

Porque le quita tiempo. Así uno no tenga pelo, solo con quitarse la ropa, mojarse, secarse y ponerse más ropa le quita mucho más tiempo que simplemente lavarse la cara. Dicen que uno se baña para despertarse, refrescarse y demás. Pero con la lavada de cara eso se cumple.

Porque es mental, no necesario. ¿Me va a decir que usted suda todos los días? A menos de que uno haga deporte o sea mecánico, el cuerpo no se ensucia en 24 horas. La concepción de que es necesario bañarse cada 24 horas es puramente cultural, porque, físicamente hablando, uno no se ensucia en dos días, a menos de que tenga sexo o tenga guayabo todos los días.

Porque pierde el encanto. Los placeres de la vida dejan de ser placeres cuando se hacen todos los días. Cuando uno se baña después de un día sin bañarse, el sentimiento de renovación en mayor. La fábrica de duchas Mira publicó un estudio que demostraba que bañarse le mejora el genio. También encontró, en contra de sus pronósticos, que hacerlo todos los días reduce el sentimiento de placer.

Porque ensucia el baño. A menos de que usted tenga un ejército de empleados limpiándole el baño todos los días, usted sabe que limpiar el baño, sobre todo por los guantes de caucho, es la tortura más desagradable de la labores caseras, peor que sacar la basura. Entre menos se bañe, menos le toca limpiar el baño.

Porque reseca la piel. No hay duda de que el agua, sobre todo caliente como a usted le gusta, calentano, reseca la piel. Eso, de por sí, ya es malo. Y si está pensando que para eso hay cremas, piense en el aspecto monetario. No bañarse le ahorra plata en crema. ¡Y en agua!

Porque se queda calvo. Para que el pelo se hidrate, necesita del aceite natural que genera el cuero cabelludo, el cual se demora al menos dos días en generarse. Además, el agua de muchos lugares suele tener propiedades que resecan el pelo y hacen que se caiga.

Porque se vuelve bruto. La Universidad de Wake Forest en New Carolina descubrió que bañarse con demasiada frecuencia puede maltratar el cerebro. Consumido en exceso, el manganeso, un elemento del agua, puede provocar efectos adversos en el sistema nervioso y respiratorio. Dice el estudio: “una ducha de 10 minutos al día expone a los niños a una dosis tres veces más alta de la que se requiere para acabar con el cerebro de una rata. Adultos con más años de duchas reciben una dosis 50 por ciento mayor”. Báñese todos los días, y con el tiempo su cerebro estará en limpio, como si hubiera acabado de nacer.

Porque es malo para el medio ambiente. El mundo se queda sin agua y ¿usted se baña todos los días con vallenato a reventar como si la gente no se estuviera muriendo de sed en África? Egoísta. Mentira, de verdad: el agua con la que usted se baña no se puede reutilizar, así que se pierde. Por si fuera poco, todos los productos que usted usa para bañarse, vanidoso, tienen fuerte impacto en el medio ambiente.

Porque es peligroso. ¿Acaso alguna vez ha oído de alguien se mató porque durmió 15 minutos más? No, ¿verdad? Pero sí ha oído el cuento de que la gente se puede resbalar en la ducha y matarse, ¿cierto? Entre menos se bañe, menos posibilidades tiene de matarse.

Yo lo entiendo si usted prefiere decirme cochino y no dejar de bañarse todos los días porque ninguno de estos 10 argumentos lo convence del todo. Yo entiendo si sus costumbres, que tiene tan arraigadas hace años, están primero y no hay argumentos pragmatista, altruista o racionalista que las altere. Yo lo entiendo: al fin y al cabo, usted es, como yo, un colombiano lleno de malas costumbres. Y así vamos a tener que vivir.

Publicado en Blog SoHo en abril de 2011.

Written by pardodaniel

abril 26, 2011 at 10:40 pm

Los 10 mandamientos del periodista colombiano

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Ahora que mis raíces católicas me ponen a reflexionar –a dormir, comer y tomar más de la cuenta– se me ocurre pensar en el periodismo, esa ciencia inexacta llena de frustraciones a la que me dedico y sobre la que escribo. Me encantaría reflexionar sobre ti, adorado mío, y sobre la vida y todas esas cosas importantes. Pero me cuesta, Señor, y por eso prefiero pensar en sandeces, como el periodismo. Qué difícil es esta profesión, Santísimo Dios. Sobre todo en este país al que me trajiste, Bendito. Todo habría sido más fácil si me hubieses sacado sueco o somalí. Pero no: tuviste que botarme a este limbo del ser colombiano; a este platanal sin remedio lleno de tragedias. Y no te bastó con hacerme colombiano: me botaste periodista. Qué malvado eres. Pero ya qué puedo hacer. Será trabajar. Y no creer en ti. Mejor me copio de ti. Y juego a ser tú. Y escribo los 10 mandamientos del –frustrado, pobre y deprimido– periodista colombiano. Acá van.

1. Amarás al presidente sobre todas las cosas. La mejor forma de ser un periodista de nombre en Colombia, para sobresalir y no terminar perseguido, es alabar al presidente de turno. Mire a El Tiempo y al imperio que construyó gracias a alabar las directrices del poder durante los últimos 30 años. Mire a RCN. Usted no quiere criticar al poder y terminar como Daniel Coronell, rodeado de escoltas y calumniado por las redes sociales. Si es como María Isabel Rueda, en cambio, le harán festines estrambóticos para lanzar su folleto de conversaciones con amigos. Es decir, sus creencias y sus lealtades deben ser permanentes… por cuatro años.

2. Deshonrarás el uso correcto del castellano. Los periodistas que transmiten los partidos de fútbol en Colombia son gente rica que ha viajado por el mundo entero y goza de los viáticos de los canales privados. Los señores no saben pronunciar “éxito”. Se inventan palabras y pronuncian una “n” al final de cada verbo reflexivo. Hable a punta de ‘llévesen’ y ‘póngasen’, y verá que gozará de los jugosos frutos del periodismo de billete en Colombia. Por otro lado, si a usted le da por ser inteligente y escribir como El Malpensante, se va a quebrar, a menos de que tenga una cuenta bancaria sin fondo. Como no la tiene, escriba como la gente habla, no como se debe.

3. Honrarás los gustos banales de tu público. El peor de los errores en el periodismo de hoy en día, ahora que hay una sobreoferta de información, es basarse en lo que el público necesita saber, en vez de lo que el público quiere saber. Silvestre Dangond, la edad de Amparo Grisales, la perrita maltratada: esos son sus temas de investigación.

4. Generalizarás todas las cosas. Entre menos riguroso es el periodismo, más se lee. Mire a Poncho Rentería, ilustre columnista de El Tiempo hace décadas. No pierda su tiempo en detalles ni matices: generalice y escriba sobre La lechuza, que eso es lo que vende en Colombia. En Colombia juzgan a los periodistas y columnistas por el número de lectores que tienen, y no por la relevancia, pertinencia o elocuencia de sus ideas. No importa si da falso testimonio, con tal de que venda. La rigurosidad en Colombia es pecado.

5. Honrarás a la pauta. Antes de empezar cualquier investigación o columna de opinión, llame al departamento comercial del medio para el que va a escribir. Pregunte si la empresa o entidad o corporación pauta en ese medio. De ser el caso, o renuncie al artículo o transcriba un comunicado de prensa de ellos. Usted no quiere que su trabajo se pierda porque sus jefes quieren salvar unos pesos.

6. Pensarás en chico. La oferta de medios en Colombia se reduce a tres o cuatro conglomerados. Después de desgastarse en un proyecto suyo que no va a salir adelante, usted va a trabajar para alguno de esos conglomerados. Ellos tienen el monopolio de las fuentes, la pauta y el poder. Armar un proyecto le va a costar años de trabajo y pérdidas de plata que usted no tiene ni nadie le va a prestar. Pensar en grande, pensar que a través de la información uno va a cambiar el país, es pecado. Esta es la ciencia de las frustraciones.

7. Codiciarás los bienes ajenos. Como todo periodista en Colombia, usted vive sin un peso. Así que tiene dos soluciones: o tener otro trabajo o aprovecharse de los bienes gratuitos que se generan en el medio periodístico. Escriba reseñas de restaurantes para comer gratis, vaya a ruedas de prensa para que le den regalos, y así. Si los regalos no le gustan, que es lo probable, recíclelos para las secretarias, porteros y demás intermediarios de sus fuentes.

8. Honrarás los clichés. Pregúntele a los extranjeros si les parece que las colombianas son las más bonitas o a los actores cuál es el papel que siempre han querido hacer. Llame a los argentinos charrúas y a los peruanos incas. Balón, en periodismo, se dice esférico.

9. Honrarás a tus editores. Como en Colombia no hay más de diez sitios donde un periodista puede trabajar, cuídese de hablar mal de cualquiera de sus eventuales jefes. Tampoco hable bien de ellos, porque la competencia se enoja. En realidad, no hable de los editores. Haga lo que le dicen. Coma callado. No contradiga lo que ellos piensan. Hónrelos.

10. Santificarás las fiestas. Sus colegas son en su gran mayoría una partida de borrachos empedernidos que practican fiestas hasta la madrugada y creen en la poligamia. Si usted quiere que lo quieran, si quiere entrar a la selecta élite del periodismo colombiano, sea un hedonista de tiempo completo.

Publicado en Kien & Ke en abril de 2011.

Written by pardodaniel

abril 21, 2011 at 9:27 pm

¿Se acueda de Terra?

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¿Se acuerda que, por allá a finales de los noventa, cuando el Internet era un enigma que estaba por explotar, había una página que se llamaba Terra? ¿Se acuerda era como naranja, y por ahí tenía una noticia de fútbol y otra de entretenimiento? ¿Sí se acuerda? Pues ahí sigue. Y siempre ha estado. Y todavía hace, para sorpresa de cualquiera que está familiarizado con las tendencias actuales del periodismo en Internet, lo mismo que hacía en los noventa.

¿Qué es terra.com.co? ¿De quién es? ¿Cuál es su historia? ¿Qué pretende? ¿Por qué es tan mala?

La historia de Terra, la que no tiene que ver con el periodismo, es una historia del éxito. Telefónica, la cuarta empresa de telecomunicaciones más grande del mundo, lanzó en el 99 un portal de contenidos llamado Terra. Telefónica venía de ser el monopolio de las comunicaciones en España, y tuvo la grandiosa idea de invertir en Internet en el momento indicado: durante la Burbuja del punto com. Como Telefónica lo hizo con los celulares, Terra se tomó el mundo hispano del Internet: si uno quería estar en Internet, tenía que hablar con Terra. La página de El Tiempo, por ejemplo, semejante prospecto de portal que no tenía pierde, tuvo que dar sus primeros pasos  por medio de Terra. Era el monopolio. Era lo que hoy puede ser Google. Terra, que era de la casa del primer buscador de habla hispana, Olé, era la única forma de entrar al selecto mundo del internet.

Y por eso se convirtió en una marca prestigiosa. Creó redes sociales, chats, cuentas de correo electrónico, emisoras de radio, negocios de publicidad por mensajes de texto, banners, foros: hicieron todo lo habido y por haber en ese momento en Latinoamérica. ¿Sí se acuerda? Piense en la épocas que abrió su cuenta de Hotmail. ¿Se acuerda que, por ejemplo, cuando uno abría Messenger aparecía una ventana con noticias, casi siempre de Shakira, patrocinada por Terra?

Pues bien: todo sigue igual. En diez años el internet ha cambiado como si fuera un niño en crecimiento. Sus gustos, su oferta, su demanda, su estética: nada del internet de hoy se asemeja al de finales de los 90. Pero Terra sigue igual. Y cómo no: si fue un negocio tan exitoso a principio de siglo, ¿por qué ha de cambiar ahora? Tal vez no tenga que cambiar, si su negocio, sabrán ellos cómo, sigue rentable. Aunque yo lo dudo, ese negocio cómodo y utilitario les puede funcionar para siempre. Sin embargo,  ¿no querrán ser relevantes? ¿No querrá Terra servir para algo?

El Terra Colombia de hoy en día puede ser cualquier cosa. Puede ser una red social para la gente que por alguna razón no se ha pasado a Facebook. Puede ser un archivo, un canal de televisión, una red de juegos interactivos. Y puede ser, también, un portal de noticias. El problema es que no es nada. Terra tuvo éxito en la primera etapa del Internet porque se volvió un monopolio en todos los frentes. Pero, ahora que le internet ha cambiado, se ha vuelto un portal que tiene de todo pero en realidad no tiene nada, ni siquiera identidad. A duras penas Terra se puede considerar un medio de comunicación: según el medidor Alexa, Terra no está entre las primeras 80 páginas más leídas en Colombia y la gran parte de su tráfico llega por los clasificados de El Tiempo y y el chat. Terra, es decir, no es una publicación de noticias.

Lo que hace es reciclar las noticias que llegan de Google y las agencias de noticias. Es lo mismo que Google News, pero en naranja. Terra no tiene línea editorial, que es lo primero que quiere tener un agregador de noticias hoy en día (véase Newser o Drudge Report). No tiene opinión ni pluma (véase The Hufftington Post). No hace reportajes ni investigaciones (véase Slate o The Daily Beast). No genera noticias (véase Gawker). No tiene un nicho (véase Politico). No tiene personalidad (véase Salon). Una se las pocas chivas que Terra publicó en los últimos años fue que Fernando González Pacheco se había muerto. Y no.

Terra un negocio exitoso porque tiene el nombre que le quedó de los noventa, y eso le da credibilidad frente a los anunciantes. Pero ¿no debería dejar de conformarse con la plata y salir del sótano de la irrelevancia periodística?

Terra podría ser un medio de comunicación importante en Colombia. Tiene la experiencia, la plata y el equipo para serlo. Lo que hizo en colaboración con Votebien durante las presidenciales fue bueno. Podría expandir ese canal de televisión que tienen, con crónicas ambiciosas y transmisiones en vivo, una de sus especialidades. Podría fichar plumas berracas para generar contenido. Podría llamar investigadores para hacer periodismo del duro. Podría darle un tono, cualquier que sea, al lenguaje de las noticias que compran a la agencias. Podría, en vez de ser un portal sobre todo, enfocarse en el entretenimiento o la política o los deportes o las recetas de cocina. Podría, es decir, asentar su nicho. Podría, también, volverse el lord del internet en Colombia y apoyar a cuanto proyecto sin plata y desaprovechado hay por ahí. Podría, al menos, tener un Twitter interesante, como @lasillavacia. Terra podría enriquecer la oferta de noticias que hay en Colombia. Podría aportarle algo a la sociedad. O podría, también, quedarse en ese limbo en el que está y no ser nada pero ser todo a la vez.

Si llega a quedarse en ese limbo, me atrevería a pensar que Terra está en proceso suicidarse. Los lectores en Internet ya no quieren leer medios generalistas que les dicen lo mismo que Google News o El Tiempo o el NYTimes. Quieren portales con personalidad, como Enter o La silla vacía. Y lo que quieren los lectores es lo que quieren los anunciantes, que tarde o temprano se darán cuenta dónde está la gente y dónde deben pautar.

Pero ¿y esto a quién le importa? La semana pasada, el millonario italiano Roberto Parli estrelló un Mercedes de 500 mil dólares y sorprendió a todo el mundo con su declaración: “Soy millonario, pagaré por todo, a mí no me importa”. A nadie le importa que los millonarios boten su plata a la caneca. Ni a usted ni a mí nos importa. Tal vez a los españoles de Terra y sus representantes y editores en Colombia tampoco les importe. O tal vez sí, y sientan la necesidad de hacer algo relevante por un país y una sociedad. Y si ese es el caso, los editores de Terra Colombia entonces tienen mucho trabajo que hacer.

Publicado en Kien & Ke en abril de 2011.

Written by pardodaniel

abril 15, 2011 at 9:44 am

El baño de la oficina

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Uno empieza la vida, a eso de los 18 años, y pretende creerse el cuento de que nunca va a trabajar en una oficina, porque uno, supuestamente, es diferente a los demás. No han pasado dos años, y uno ya está ahí, anclado, como un esclavo más.

Tanto, que uno, al final, también escoge lavarse los dientes en el baño de la oficina. Uno empieza la vida laboral, a los 20 años, pensando que nunca va a tener que cagar en la oficina. Dos días más tarde, ahí está sentado, leyendo una revista del año pasado. Uno empieza la vida, esa que se acaba a los 23 años, pensando que nunca, por más obsesivo que sea con limpieza, va a llevar un estuche a la oficina con cosméticos adentro. No han pasado dos días, y usted ya tiene su estuche, reciclado del cajón de estuches de su mamá. Enjuague bucal incluido.

Y ahí está usted, lavándose los dientes en el baño de la oficina y viéndose tan viejo como cualquiera de sus colegas. ¿Cómo se siente? ¿Quiere suicidarse?

El baño de su oficina es la metáfora más fidedigna de lo que uno ha alcanzado en la vida. No solo el baño, sino la manera como usted, que ha llegado a este profundo nivel de depresión, lo usa. Por ejemplo, piense en las personas que tienen baño privado en la oficina. Tienen su propio jabón, su cepillo de dientes en un vaso de cerámica, su papel higiénico justo en el mismo lugar que lo dejaron la última vez. Así son ellos, exitosos como su baño.

Pero la razón por la que usted, por allá en la juventud, se creyó el cuento de que nunca iba a terminar levándose los dientes en la oficina es que en su primer día vio a un ingeniero limpiándose los dientes con seda dental. Ahí estaba el hombre, con su estuche rosado, su esfero vomitado, su gel intacto y su camisa salida por detrás, lavándose los dientes después de almuerzo. Usted no quería ser así, pero ha decidido volverse igual. Y ya no hay vuelta atrás.

Baños de oficina los hay de todas las formas. La prueba de fuego está en la solución que el baño le proporcione para secarse las manos. Están los que tienen una toalla diminuta y a punto de deshacerse, los que tienen servillas grandes de papel, los que tienen un secador que no sirve y los que, lejos de sus alcances, tienen uno que sirve. Tener un secador que sirve en la oficina es tan burgués como tener una máquina de espresso. Eso solo se ve en las agencias de publicidad.

La otra prueba está en el inodoro. Uno empieza la vida pensando que nunca va a cagar en la oficina, sobre todo porque en el primer día de trabajo ve alguien en el acto. Le oye sus sonidos, le huele sus olores, le ve sus mocasines, y, dos minutos después, lo tiene al frente en una reunión. Qué vida miserable la suya, ¿no? Ese es el momento en que usted decide nunca cagar en la oficina. Tarde o temprano, sin embargo, será uno de ellos. Inodoros los hay, en los baños no individuales, con puerta hasta el piso y con puerta saltacharcos. El problema de la segunda, un problema crucial que determinará su estadía en esta empresa, es que, en efecto, le vean los zapatos y se den cuenta de que es usted, el de los mocasines, quien estaba haciendo del cuerpo. Todos lo hacen, sí, pero de todas formas usted quedó como un cochino, que caga en la oficina.

Tengo un amigo que se quita los zapatos cuando va al baño en la oficina, para que nadie lo reconozca. Ese mis amigo, uno de esos que solo habla de este tema, el monotemático, puede hacer un análisis detallado de los banos que ha escogido durante su vida para cagar. En el colegio, el del teatro. En al universidad, el del departamento de historia. Ese mismo tipo trabaja hoy en una agencia de publicidad que tienen inodoros Toto, las legendarias másquinas que le dieron a Japón, ya era hora, algo por lo que podía estar rogullosos. El aro se calienta, el aparato lo saluda y hay fdos formas de lipirase, con con agiua y iento que salen el tuvo, o con papel, de ese alcochonado y costoso que uno nunca compraría. Cuando llegue a una oficina que tenga inofdoros Toto, celebre, consirdere que sus objetivos en la vida han sido alczandos. Felicitations.

Ahora bien: su comportamiento en el baño de la oficina también va a determinar la manera como sus colegas lo vean el resto de su carrera. Por eso cuídese, así no lo vea necesario, de no salir del baño sin lavarse las manos; no deje rastros, no chismosée en el baño, no escriba pendejadas, y –una para las mujeres- no se acompañen al baño.

Aunque, hablando de las mujeres, ¿usted ha visto un baño de mujeres? Son más limpios que el de un hotel. Tienen crema humectante, toallas húmedas, algodón, copitos. El baño de las mujeres es una fiel demostración de que en el mundo está todo mal por culpa de nosotros, la escoria de la humanidad y peor invento de la naturaleza.
Tengo la mala fortuna de ser periodista. Es decir, comparto baño con periodistas. Baños periodísticos los hay de muchas variedades, casi todos sucios. En los medios viejos siempre está la última edición del periódico al pie del inodoro. Que alguien sea capaz de cogerla es otra historia. Pero está. En los medios nuevos que no leen impresos, lo más probable es encontrarse con revistas que no se leen en pantalla, tipo The New Yorker o Vanity Fair.

Uno empieza la vida pensando que va a trabajar desde la casa porque hace parte de una nueva generación que no necesita el contacto. Pasan dos días, y lo único uno quiere es conseguir un trabajo en una oficina. Lo consigue, celebra, se emborracha, tiene su primer día, empieza a lavarse los dientes en la oficina, y, en un día, se da cuenta que la única manera de seguir adelante es resignándose a ser lo que nunca quiso ser: una persona que caga en la oficina.

Publicado en SoHo en abril de 2011.

Written by pardodaniel

abril 11, 2011 at 8:58 pm

Publicado en Historias - Blog SoHo

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Los Nule y los medios

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Ellos deben pensar que los medios de comunicación, esa élite de embusteros y bandidos, tienen un complot en su contra. Los Nule –y Samuel Moreno, sin duda– deben pensar que, por primera vez en la historia de la humanidad, todos y cada uno de los periodistas de un país se pusieron de acuerdo en cuanto a un tema: darles palo a los ellos. Y es que podría ser así, porque esta vez los medios sí están todos de acuerdo en algo: los Nule son unos ladrones y deben ser castigados.

Ni siquiera durante el proceso 8.000 habíamos visto semejante nivel de consenso. Es como si los medios se hubieran puesto de acuerdo para denunciarlo todo en equipo, como si trabajaran todos para el mismo jefe, desde la misma sala de redacción. Los medios han sido los grandes veedores de este escándalo que no parece tener final. Día tras día, hora tras hora, los radiales, los televisivos, los impresos y Twitter se dedicaron a investigar y sacar cuanto detalle escabroso les fuera posible denunciar. Y ahí están, haciendo su trabajo como debe ser, hoy todos indignados por la corta sentencia que, parece, les van dar a los Nule. Ellos deben pensar que esto es un complot más de los medios, que siempre, bandidos, están conspirando. Pero esta vez, señores Nule, se trata de periodismo del que vale, del que denuncia con pruebas y es imposible contradecir.

Pero, ¿cómo llegamos a todo esto? ¿Qué nos dice esta novela de corrupción sobre los medios de comunicación en Colombia? ¿Es un ejemplo de la manera como los medios deberían actuar siempre? ¿De verdad es todo color de rosa? 

En su columna del domingo en El Espectador, Felipe Zuleta tocó dos temas cruciales. El primero es que la abundancia de información no ha permitido un panorama general y analítico de lo que ha pasado. Los periodistas están embalados: publican todo lo que encuentran, chiva tras chiva, y ha sido difícil que la gente se haga una idea global de lo que está pasando. Estoy seguro que un adolescente a duras penas sabe qué fue lo que hicieron los Nule. Eso tiene que ver con una de las facetas del nuevo periodismo: la inmediatez. A pensar de que el Internet permite contar la noticia al instante, eso puede perjudicar la explicación y el análisis políticos e históricos de ella. Ahí ya tenemos una tarea para los periodistas: explicar el pasado, presente y futuro de la novela Nule.

El segundo tema que toca Zuleta es la justicia: hay puntos en que la publicación de los eventos puede interferir y ser perjudicial en el debido proceso que realiza la justicia. Tiene que ver con lo que en el Reino Unido llaman contempt of court, o desacato a la corte. La publicación de los detalles y las pruebas de un caso, que pueden ser entregadas por las partes a los periodistas, puede acabar con el caso, desestabilizarlo y cambiar los términos. Normalmente, el juez debe estipular si el caso es reportable o no: si se necesitan reservar actuaciones, audiencias o documentos. Sin embargo, en Colombia no existe una sanción para los periodistas por publicar información reservada, y por eso los medios publican y publican sin tener en cuenta las consecuencias jurídicas. He ahí, entonces, una tarea más para los periodistas: sacrificar la chiva con tal de que el debido proceso se haga.

De ahí surge otro de los detalles mediáticos de la novela de los Nule: la justicia en Colombia parece no servir y se tiene que valer de los medios para que denuncien los eventos. ¿Qué habría pasado si los medios no hubieran denunciado todo esto? Digamos que habla muy bien de los medios el hecho de que gracias a ellos, desde esa grabación que publicó El Tiempo hace ya nueve meses, se destapó todo el escándalo. Pero eso no habla bien de la justicia. Y la pregunta es esa: ¿son los medios de comunicación la justicia de la sociedad? Definitivamente no. Y esa es otra de las tareas para los periodistas en estos días: que, por más mala que sea la justicia del país, deben cuidarse de sentir que son la voz de la justicia.
Si bien los Nule estarían muy equivocados si piensan que todo esto se trata de una coartada de los medios en su contra, los periodistas se tienen que cuidar de los extremos: el periodista no es ni árbitro ni un juez de la sociedad. Es mediador, que es diferente. Durante la parapolítica, toda persona que hubiese tenido al menos una conversación con un paramilitar era involucrada en el escándalo. Y claro, tenía por qué estar involucrada. Pero era exagerado pensar que, por reunirse con una paramilitar, un político ya era cómplice del grupo ilegal y por ende uno de ellos. Hay que tener cuidado con no forzar las fuentes y graduar a todo el mundo de socio de los Nule y ladrón. Los medios no se pueden convertir en el protagonista de una historia.

Lo que ha sido hasta ahora un excelente trabajo en equipo de los medios no se puede convertir en una carrera por quién es el que más gente involucra y más chivas publica. Lo aprendimos con la Silla Vacía y su noticia sobre la muerte de Alfonso Cano: el afán por la chiva solo trae descalabros. Que el gran trabajo realizado por los medios en el caso Nule no se vaya a afectar por el afán de protagonismo que se ve en los corredores de las salas de redacción en Colombia.

Publicado en Kien & Ke en abril de 2011