Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

Los Nule y los medios

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Ellos deben pensar que los medios de comunicación, esa élite de embusteros y bandidos, tienen un complot en su contra. Los Nule –y Samuel Moreno, sin duda– deben pensar que, por primera vez en la historia de la humanidad, todos y cada uno de los periodistas de un país se pusieron de acuerdo en cuanto a un tema: darles palo a los ellos. Y es que podría ser así, porque esta vez los medios sí están todos de acuerdo en algo: los Nule son unos ladrones y deben ser castigados.

Ni siquiera durante el proceso 8.000 habíamos visto semejante nivel de consenso. Es como si los medios se hubieran puesto de acuerdo para denunciarlo todo en equipo, como si trabajaran todos para el mismo jefe, desde la misma sala de redacción. Los medios han sido los grandes veedores de este escándalo que no parece tener final. Día tras día, hora tras hora, los radiales, los televisivos, los impresos y Twitter se dedicaron a investigar y sacar cuanto detalle escabroso les fuera posible denunciar. Y ahí están, haciendo su trabajo como debe ser, hoy todos indignados por la corta sentencia que, parece, les van dar a los Nule. Ellos deben pensar que esto es un complot más de los medios, que siempre, bandidos, están conspirando. Pero esta vez, señores Nule, se trata de periodismo del que vale, del que denuncia con pruebas y es imposible contradecir.

Pero, ¿cómo llegamos a todo esto? ¿Qué nos dice esta novela de corrupción sobre los medios de comunicación en Colombia? ¿Es un ejemplo de la manera como los medios deberían actuar siempre? ¿De verdad es todo color de rosa? 

En su columna del domingo en El Espectador, Felipe Zuleta tocó dos temas cruciales. El primero es que la abundancia de información no ha permitido un panorama general y analítico de lo que ha pasado. Los periodistas están embalados: publican todo lo que encuentran, chiva tras chiva, y ha sido difícil que la gente se haga una idea global de lo que está pasando. Estoy seguro que un adolescente a duras penas sabe qué fue lo que hicieron los Nule. Eso tiene que ver con una de las facetas del nuevo periodismo: la inmediatez. A pensar de que el Internet permite contar la noticia al instante, eso puede perjudicar la explicación y el análisis políticos e históricos de ella. Ahí ya tenemos una tarea para los periodistas: explicar el pasado, presente y futuro de la novela Nule.

El segundo tema que toca Zuleta es la justicia: hay puntos en que la publicación de los eventos puede interferir y ser perjudicial en el debido proceso que realiza la justicia. Tiene que ver con lo que en el Reino Unido llaman contempt of court, o desacato a la corte. La publicación de los detalles y las pruebas de un caso, que pueden ser entregadas por las partes a los periodistas, puede acabar con el caso, desestabilizarlo y cambiar los términos. Normalmente, el juez debe estipular si el caso es reportable o no: si se necesitan reservar actuaciones, audiencias o documentos. Sin embargo, en Colombia no existe una sanción para los periodistas por publicar información reservada, y por eso los medios publican y publican sin tener en cuenta las consecuencias jurídicas. He ahí, entonces, una tarea más para los periodistas: sacrificar la chiva con tal de que el debido proceso se haga.

De ahí surge otro de los detalles mediáticos de la novela de los Nule: la justicia en Colombia parece no servir y se tiene que valer de los medios para que denuncien los eventos. ¿Qué habría pasado si los medios no hubieran denunciado todo esto? Digamos que habla muy bien de los medios el hecho de que gracias a ellos, desde esa grabación que publicó El Tiempo hace ya nueve meses, se destapó todo el escándalo. Pero eso no habla bien de la justicia. Y la pregunta es esa: ¿son los medios de comunicación la justicia de la sociedad? Definitivamente no. Y esa es otra de las tareas para los periodistas en estos días: que, por más mala que sea la justicia del país, deben cuidarse de sentir que son la voz de la justicia.
Si bien los Nule estarían muy equivocados si piensan que todo esto se trata de una coartada de los medios en su contra, los periodistas se tienen que cuidar de los extremos: el periodista no es ni árbitro ni un juez de la sociedad. Es mediador, que es diferente. Durante la parapolítica, toda persona que hubiese tenido al menos una conversación con un paramilitar era involucrada en el escándalo. Y claro, tenía por qué estar involucrada. Pero era exagerado pensar que, por reunirse con una paramilitar, un político ya era cómplice del grupo ilegal y por ende uno de ellos. Hay que tener cuidado con no forzar las fuentes y graduar a todo el mundo de socio de los Nule y ladrón. Los medios no se pueden convertir en el protagonista de una historia.

Lo que ha sido hasta ahora un excelente trabajo en equipo de los medios no se puede convertir en una carrera por quién es el que más gente involucra y más chivas publica. Lo aprendimos con la Silla Vacía y su noticia sobre la muerte de Alfonso Cano: el afán por la chiva solo trae descalabros. Que el gran trabajo realizado por los medios en el caso Nule no se vaya a afectar por el afán de protagonismo que se ve en los corredores de las salas de redacción en Colombia.

Publicado en Kien & Ke en abril de 2011

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