Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

La aburrida conferencia de Uribe en Londres

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El ex director del London School of Economics, Sir Howard Davies, tuvo que renunciar hace un mes, porque se probó que la legendaria universidad había recibido una donación de un millón y medio de libras por parte del Coronel Muammar Gaddafi, el tirano que por estos días se enfrenta a la población civil en Libia. Davies también admitió que se reunió con Gaddafi y que la universidad mantuvo una relación cercana con el dictador.

A eso se refería un artículo del periódico londinense The Guardian el viernes pasado, cuando cuestionó a la universidad porque invitaron al ex presidente Álvaro Uribe, una figura que por estos lares del mundo no corre con la misma suerte de aceptación pública que goza en Colombia. El ex presidente ha sido criticado por The Economist y The Financial Times, y en los ámbitos académicos casi siempre salen a relucir críticas a su gestión. En un país donde los métodos políticos se cuidan como un tesoro nacional, donde los modales del actuar político son muy rigurosos, figuras tan fuertes como la de Uribe son vistas con escepticismo. Y fue por eso que yo pensé, porque esa ha sido mi impresión sobre los académicos en Inglaterra, que a Uribe lo iban a recibir con una protesta argumentada y seria. Pero de eso no hubo nada.

La protesta que le hicieron en la puerta del colegio más internacional del mundo era de no más de treinta personas. Con pancartas que decían “Crímenes en contra de la humanidad, corrupción, violación a los derechos humanos”, los pocos estudiantes que se pararon al frente del recién terminado edificio del departamento de ciencias sociales no pasaron desapercibidos pero sí resultaron irrelevantes. De esos estudiantes, la mitad eran extranjeros y la otra mitad colombianos.

Pero en el auditorio de 400 sillas donde Uribe dio su conferencia las proporciones fueron muy distintas, porque las personas que intervinieron se delataron en su acento y porque, en general, uno puede distinguir con facilidad a los colombianos en tierras foráneas. Por eso fue que, en términos generales, la conferencia fue más aburrida que la protesta que estaba afuera.

El día que LSE sacó las inscripciones para la conferencia ‒la entrada era gratuita, pero había que registrarse‒, la página de LSE se cayó. Y aunque la agente de prensa no me pudo confirmar si había sido eso lo que tumbó la página, los cupos se acabaron una hora después de que la página volvió al aire.

Al ex presidente lo ovacionaron cuando subió a la tarima. Fue un aplauso sólido, sin astillas. Después, el profesor George Philip dio una breve introducción y Uribe, de vestido gris, camisa blanca y corbata rosada, pasó al micrófono. Y dijo: “Yo sé que me invitaron a dar un discurso, pero prefiero que pasemos de una vez a las preguntas”. Y también dijo: “yo sé que hay periodistas con preguntas, pero démosle prioridad de los estudiantes y profesores”. Philip no le vio problema, pero, como se acostumbra en este país, pidió que el público hiciera de a tres preguntas y después Uribe contestara las tres en una intervención resumida. Al él le pareció ilógico y, entre risas, al final fue una conferencia de preguntas y respuestas inmediatas.

Y fue una conferencia aburrida, digo, porque no fueron tocados ninguno de los temas que tienen al ex presidente en el ojo del huracán en Colombia. Se notó que los 400 asistentes eran en su mayoría colombianos y que la proporción en términos de aceptación era igual a la que indican las encuestas: 70%.

Uribe elogió a Felipe Calderón, dijo que ve con escepticismo la elección de Humala en el Perú, escogió no hablar de las políticas internacionales del gobierno de Juan Manuel Santos, dijo que el bombardeo al campamento de Raúl Reyes fue un mal necesario,  aclaró que los falsos positivos no fueron una política de gobierno, y que en su Presidencia protegió los derechos de los sindicalistas. Al final, le propuso a Dilma Rousseff, la nueva presidenta de Brasil, que revise el alojamiento de terroristas en Ecuador y Venezuela.

Como periodista, reporto que no hay noticias para destacar de la conferencia. No porque no contestara las preguntas que le hicieron, como suele pasar, sino porque las preguntas en sí fueron mediocres. Todo se desarrolló dentro de los parámetros y lugares comunes que los colombianos ya hemos visto hace años. Nadie preguntó nada nuevo sobre los escándalos de corrupción que se destapan a diario, y que deben ser esclarecidos por él: la salud, las “chuzadas”, sus familiares, el conflicto armado, el computador de Reyes.

Sólo dos cosas llamaron la atención en la conferencia. El primero fue que en un momento unos estudiantes alzaron una pancartas que mencionaban el caso de las “chuzadas” del DAS. La gente se volteó, el presidente siguió con su respuesta sobre Brasil y sacaron en silencio a los protestantes. En ese momento, un trino en el hashtag #lsecolombia se preguntó si eso no violaba la libertad de expresión.

El segundo evento extraordinario fue que, de la nada, Uribe pidió que no se le diera la palabra a Hollman Morris, porque le habían informado que estaba en el público y él no quería entrar en discusiones con Morris, uno de sus opositores más insistentes. Uribe dijo: “Mi gobierno desmanteló y debilitó a los terroristas. Y, después de darle todas las garantías a la Cruz Roja para realizar una liberación de secuestrados en colaboración con Brasil, nos enteramos de que Morris, en nombre de la libertad de prensa, se había reunido con los terroristas para intervenir en la liberación. Yo tolero a los periodistas y la libertad de expresión, pero no tolero que los periodistas sean permisivos con los terroristas”. Ahí, en el aire, quedó esa intervención de Uribe sobre Hollman Morris. El periodista confirmó en Twitter que se encuentra en Boston y por eso es difícil entender por qué Uribe pensó que él estaba dentro del público.

Fuera de eso, el público del London School of Economics no dio la talla para hacer el debate coyuntural y crítico que se esperaba, donde el presidente diera su versión sobre los temas que cuestionan su administración por estos días.

El ex presidente vivió un año en Oxford y conoce muy bien Londres. Este viaje hace parte de su vida después de la presidencia: viajar por el mundo para exponer y defender el legado de su Gobierno. El sábado pasado dio una conferencia más pequeña en el London Bussiness School, y antes estuvo en México y Portugal. Mañana viaja a Estados Unidos, luego a Centroamérica y volverá a Colombia en una semana y media. De iPad, MacBook, Blackberry y zapatos crocs al hombro, Uribe es un conferencista reconocido en el mundo. Reconocido para bien y para mal, aunque pareciera que en London School of Economics nadie cuestionara su administración.

Aclaración: el ex presidente Uribe no vetó la palabra de Hollman Morris en la conferencia de ayer en Londres. Al contrario. Óscar Guardiola pidió que le preguntaran en la conferencia por Morris. Después Santiago Pardo, presidente de la comunidad colombiana de LSE, se lo mencionó a Uribe antes de la conferencia. Y fue por eso que Uribe habló sobre Hollman Morris durante el evento. Me excuso por la imprecisión en el artículo. Daniel Pardo.

Publicado en Kien & Ke en mato de 2011.

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Written by pardodaniel

mayo 25, 2011 a 4:06 pm

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