Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

Me compré una bicicleta

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¿Y se supone que yo, desde este teclado, le voy a explicar lo que pasa en estas tierras nuestras que algunos, los de actitud positiva, llaman país? Permítame, por favor, no tratar. ¿Se supone que le debo decir algo inteligente? ¿Ese es el trabajo del columnista? ¿Debo tener una posición, una versión extraordinaria de lo que pasa en este barullo? No puedo: perdóneme. En este circo es muy difícil ser acertado y estar informado. Yo ya me cansé de tratar: leer Twitter, los periódicos, La silla vacía, las columnas de Coronell, todo me parece abrumador. Quedo saturado y me cuesta tener opinión atinada sobre este caos. No le creo a nadie. No me identifico con nada. Todo me parece un bochornoso desplante al ser humano. Y ya. Colombia me agota. Quisiera no tenerle que dedicar más tiempo. Puede que sea una actitud propia de mi ignorancia e inmadurez. En cualquier caso, desde este teclado Colombia se ve insoportable, y temo que mi única salida es no pararle bolas.

Entiendo: como pasan tantas cosas traumáticas en Colombia, el periodista tiene mucha información que analizar. Es su labor y para eso está el método periodístico. Pero ¿y si rebosa la copa? ¿Y si ya no le ve sentido práctico o conceptual a hablar de todos estos males que nos poseen y nos ahogan a diario? ¿Qué tal si el columnista, como los demás colombianos, se acostumbra a las noticias trágicas y decide pasarlas por alto? ¿Acaso no tiene derecho? ¿Puede el columnista, como todos los demás, dejar de tratar de explicar el mundo y dedicarse a pensar que, sí, Colombia está mal pero él no va a hacer nada y se va a dedicar a sembrar helechos? ¿Puede el columnista desentenderse de las tres primeras páginas del periódico?

Es que vea lo que pasa: trafican bienes en la Dirección Nacional de Estupefacientes, hackean la página de le Registraduría, la capital no tiene alcalde, usan sospechosamente la información del computador de un guerrillero que mataron sin escrúpulos éticos, algún funcionario de gama alta del gobierno ordena chuzar con impunidad a la oposición, mienten sobre las desmovilizaciones, la gente pierde sus casas porque sus vecinos son guerrilleros o porque se inundan, juegan con los fondos de Fosecon, las AIS reparten con arbitrariedad los subsidios agrícolas del Estado, le entregan unas zonas francas a los hijos del ex presidente, adjudican notarías para reelegir a un presidente, ministros y funcionarios de la salud se alían con bandas criminales, los paramilitares perviven, los Nule estafan a medio país, el alcalde es cómplice, regalan Incoder a la mafia, SaludCoop es un mafia. Aquí aparece una noticia histórica por minuto: cada vez que uno abre los periódicos, cada media hora, hay un nuevo escándalo indescifrable, insólito, impune. Y puede ser mentira o puede verdad: reinan las imprecisiones y los rumores. ¿Y se supone que el columnista lo debe interpretar y explicar al instante? Al carajo con esto: renuncio a Colombia. Prefiero cortar pasto.

Yo no sé cómo a alguien le da por ser periodista en este barrial. Tomar esa decisión es decir ‘bueno: amo tanto a mi país, quiero hacer tantas cosas para explicarlo, que voy a vivir una vida de frustraciones’. ¿Ha pensado en la vida que puede tener Daniel Coronell? Lo persiguen, lo calumnian, lo mandan al exterior, y él, sin embargo, juicioso, todavía tiene ganas de buscar documentos tediosos y explicarlos en una columna reveladora. Lo mismo con un columnista como Ernesto Yamhure: ¿usted se imagina lo duro que puede ser defender unas ideas anacrónicas y sospechosas? El trabajo del periodista en Colombia es difícil, frustrante, mal pagado y peligroso, porque las noticias son desgarradoras y desalentadoras y porque los directivos y editores se dejan llevar por intereses ajenos a la noticia. Así que, amigo periodista: no se preocupe si siente que la realidad colombiana opacó su capacidad de análisis. Es apenas normal y humano.

Y la gente, por alguna razón inexplicable, todavía piensa que el país va bien. ¿Cómo no se va a frustrar el periodista si nadie lo oye? Quisiera saber quiénes son y qué les hace pensar que el país va por buen camino. Así la administración anterior no hubiese tenido la culpa de ninguno de estos escándalos, en cualquier país con criterio la gente estaría indignada, consciente de que el país va de mal en peor. En Colombia, sin embargo, la gente está feliz.

Y una de las razones de esa actitud tan incoherente con la realidad es que todos pasamos las páginas del periódico como si todos los días fueran iguales. Las noticias nos entran y salen por los oídos y se nos olvida con rapidez que el país lleva 200 años desbaratándose. Leemos a Coronell el domingo, y el martes ya ignoramos el tema. La élite de los periodistas vive en una realidad distinta a la que vive la opinión pública. En un país donde la gente parece no pararle bolas a los medios, donde los columnistas manifiestan su descontento pero la población responde con una moneda cuadrada, no dan ganas de ser periodista.

He llegado al punto en que no puedo creerle a nadie. Los medios me parecen sesgados; los políticos ladrones. Las buenas intenciones de la gente trabajadora me deprime, porque sé que se van a ver frustradas más temprano que tarde. Después de que pasa algo bueno -como la limpieza del equipo que quiero, Millonarios, o la aprobación de una ley necesaria, la ley de víctimas- aparece algo que me desalienta, y vuelvo a mi estado natural, el de un periodista y colombiano frustrado.

Por eso he decidido comprar una bicicleta. Y esa es la noticia que quiero tocar en la columna de hoy: Daniel Pardo, el egocéntrico columnista que escribe de medios, se compró una bicicleta esta semana. La compró en rebaja, con 40 por ciento de descuento. Es negra, de un solo cambio y tiene rines y pedales blancos. A pesar de que es un poco pesada, tiene timbre y reflectores para la noche. Si bien los grips son incómodos, el asiento no duele. Porque escribir sobre su país lo satura y frustra, Daniel Pardo dedicará sus preocupaciones y opiniones a una bicicleta, que es suya, intachable, incorruptible. Va a dejar de preocuparse por su país, va a dejar de leer a Coronell y le dedicará su tiempo a la bicicleta. Al fin y al cabo, da la misma si se preocupa o no por Colombia: igual todo va a terminar mal, como siempre.

Publicado en Kien & Ke en mayo de 2011.

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Written by pardodaniel

mayo 26, 2011 a 10:55 am

Una respuesta

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  1. De la bicicleta egocéntrica y otras arandelas: válido.
    Sobre lo de dejar de escribir en este blog: espero que no sea cierto, espero que haya sido un accidente mínimo con la bicla, o que anda ocupado buscando unos grips más cómodos.
    Ya se extrañan entradas por estos lares.

    hachesfera

    junio 9, 2011 at 5:52 am


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