Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

Archive for junio 2011

Le tengo malas noticias

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En la última Semana salió un especial de cincuenta páginas titulado “En Colombia sí hay buenas noticias”. ¿Alguien lo leyó? El especial –producto de una alianza con Yamid Amat Serna, director de ‘R MÁS Radio Positiva’, de La FM– me dejó varias preguntas en la cabeza que me gustaría tratar: ¿para qué hacen esos especiales? ¿Cuál es la necesidad de destacar las buenas noticias que pasan en Colombia? ¿Las buenas noticias son noticias?

Entiendo el sentimiento altruista que llevó a Amat Serna y al departamento de especiales de Semana a hacer el especial: es valioso contar las historias omitidas por los grandes medios. Por otro lado, es común tachar a los periodistas de ser unos pregoneros del pesimismo. Los políticos, los empresarios y una gran porción de la opinión pública dicen que los periodistas están en un complot para resaltar las cosas malas de la sociedad. La teoría de conspiración de Sarah Palin de que los “medios liberales” están en su contra tiene que ver con eso. Desde Nixon hasta Lady Di: los famosos creen que los periodistas los odian. Y a eso quería responder Semana: a dejar claro que los periodistas no están obsesionados con las cosas malas que pasan en Colombia.

Pero ni los periodistas solo publican noticias malas; ni el periodismo se tiene que preocupar por resaltar las cosas buenas de la sociedad; ni los periodistas tienen que hacer costosos especiales para justificar el pesimismo que día a día difunden en las página de sus publicaciones.

Debo declarar mi subjetividad en este debate: me molestan los elogios, cualquiera que sea. No leo historias de grandes héroes, desconfío de la gente con ‘actitud positiva’ y los musicales o las películas de Jennifer Aniston o Roberto Benigni me irritan. Como periodista, me cuesta mucho trabajo escribir sobre algo bueno. Y, como persona, tengo la tendencia a solo ver las cosas malas de la vida. Tal vez los periodistas sí tengamos esa parcialidad.

Pero es que, y ahí me salgo de mi subjetividad, ¿para qué existe el periodismo? Para informar de las cosas que pasan, sí. Pero, como se le ha oído a Daniel Samper Pizano, uno no va al médico para que le diga que está bien. La función del periodismo es denunciar los problemas que tiene una sociedad y –si está de osado, como lo tiende a ser Semana y lo es The Economist– proponer soluciones para esos problemas. El periodismo no sirve de nada si se dedica, en exclusiva, a reportar lo que pasa; menos si solo es lo bueno que pasa. (Que cuente la historia callada del país –que es lo que defiende Samper Pizano en el editorial del especial– es otro cuento, que pertenece al debate historiográfico o del periodismo literario. Pero la historia callada de Colombia, así valga la pena contarla, no es noticia.)

El concepto de noticia en sí tiende a irse por las cosas malas. Y eso también lo deja claro Samper. Usted tiene que escribir lo que a su público le importe, dicen los profesores de periodismo. A la gente le importan los eventos que pueden afectar su rutina, como las razones de los trancones, los peligros de viajar por carretera y los efectos de la crisis económica. ¿Por qué Daniel Coronell y Félix de Bedout son tan exitosos? Porque se dedican a denunciar los torcidos del sistema. La gente a duras penas quiere leer sobre la policía que salvó de un atraco a los pasajeros de un bus en Manizales; prefiere, más bien, leer la historia de la mujer que se suicidó en un centro comercial o de las niñas que mataron a tiros.

No es que los periodistas estén obsesionados con lo malo. A los mineros en Chile, por ejemplo, les dieron un cubrimiento exagerado e innecesario. A la Operación Jaque le han hecho libros, películas, análisis, elogios. Lo mismo con todas esas operaciones contra las Farc. La victoria de los colombianos en el Porto no es gran cosa, pero la presentaron como una victoria nacional. En esta última edición de Semana, de hecho, la portada es un elogio de “tres funcionarios que están embarcados en una cruzada para combatir la corrupción que azota al país”. Y no por casualidad el artículo generó críticas, entre ellas la columna de Cecilia Orozco.

¿Por qué Semana hace estos especiales? Se gastaron una buena cantidad de plata en recorrer el país para hacer un especial que poca gente va a leer. Estos especiales son salidas comerciales: los anunciantes en Colombia creen que la gente prefiere leer noticias positivas, o sobre la Orinoquía, o sobre unos tractores, en vez de leer denuncias de corrupción o análisis políticos. De ahí que los medios –sea en Semana, El Tiempo, La W o SoHo– se vean forzados a hacer estos especiales con criterios comerciales y no periodísticos.

Es verdad que en los medios colombianos se ven más historias malas que buenas. Pero, ¿acaso pasan muchas cosas buenas en este platanal? Los medios siempre han sentido la necesidad de mostrar el lado bueno de Colombia. De ahí la sección de RCN “Las buenas noticias del entretenimiento”. ¿Qué tienen de buenas, además? Lo de buenas y malas noticias es un debate ilógico, porque lo bueno es malo para otros y viceversa. Publicar una noticia no depende de si es buena o mala, sino de si es extraordinaria o no; de si a la gente le importa o no.

Así que le tengo malas noticias: si usted cree que la prensa se podría dedicar a resaltar las cosas buenas de la sociedad, con dificultad va a encontrar una publicación que se dedique a eso. Y, si usted es periodista y cree que podría ser un divulgador de lo positivo, como es Amat Serna, va a quedarse en el sótano de la irrelevancia periodística, que es donde que quedó este especial de la mejor revista de Colombia.

Publicado en Kien & Ke en junio de 2011.

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Written by pardodaniel

junio 24, 2011 at 8:58 am

Guía para morirse

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Suicidarse es para cobardes. Y para egoístas. Pero morirse sin suicidarse, con o sin dignidad, es encontrar la gloria, la más pacífica y pura gloria. En ese momento, por fin, la gente lo empieza a querer, y se da cuenta de que no era un arrogante, egoísta, descarado, conchudo, irrespetuoso, malcriado y cochino idiota. Cuando uno se muere, me late, la gente ve lo bueno que hay de cada uno de nosotros. Durante vida nunca lo lograron ver, los cegatones. Todos tenemos algo de bueno, y un puñado de cosas malas. Pero cuando morimos, a diferencia de cuando vivimos, lo malo se olvida y lo bueno sale a relucir. El Daniel amoroso, generoso, humilde e incluso talentoso va a dar mucho de qué hablar cuando yo me muera.

Yo no le deseo la muerte a nadie, salvo a mí mismo. Pero me da pena suicidarme o pedirle a alguien que me mate o decir que me quiero morir. Todos queremos, en el fondo, salir de esto de una vez y morirnos, pero no somos capaces. No por miedo, sino por pena con los demás. Nos da pena decir que nos queremos morir, porque es asumir que los odiamos a todos y nos importa un bledo que se vayan a retorcer de la tristeza. Pena, también, porque no queremos caer en lugares comunes sobre eso de que la vida es una desgracia. Pena, además, porque qué pena con todos ustedes ponerlos a cargarme por toda la cuidad. Y pena con los amigos de nuestros padres, que les toca interrumpir sus almuerzos para saludarlos, así nunca nos hayan conocido.

Todos nos queremos morir, digo, pero lo guardamos en lo más recóndito de nuestro sentimientos, porque nos da pena aceptarlo. ¿O me va a decir que usted estar orgulloso de estar vivo? Mentiroso: yo sé que el viernes pasado, en medio de esa borrachera insolente, usted le dijo a su amigo que mejor tirarse de ese décimo piso y acabar con esta sufridera y trabajadera de una vez por todas. Pero le da pena hacerlo. Y no lo va a hacer. Pero yo sé que usted, en el fondo, como yo, se quiere morir.

En la vida uno tiene que hacer las cosas sin mucho alarde, para que salgan bien: trazando el camino al andar. Para que se pueda morir sin tener que hacerlo o decirlo, calladito, acá le presento una guía para que acelere su anhelado encuentro con la muerte.

 

Coma. Estudios han revelado que el atún, la fruta, los champiñones, las papas, la miel, los tomates, las almendras, el rábano, el pescado y las nueces lo pueden matar.

Siéntese. Entre más tiempo esté sentado, más probabilidades hay de que se muera, reveló estudio.

Tenga sexo. Estudios demostraron que las posibilidades de un ataque cardiaco durante o justo después del sexo son muy altas. Tener sexo incrementa la posibilidad de morir en un treinta pos ciento. Nelson Rockefeller, lo sabemos, murió durante el acto.

Vea televisión. Un estudio de Harvard acaba de demostrar que ver televisión por dos horas la día incrementa el riesgo de dos tipos de diabetes en un veinte por ciento. Más de tres horas al día aumenta la posibilidad de una muerte prematura en un quince por ciento y enfermedades cardiovasculares en un trece. 104 casos de 100 mil muertos examinados por el estudio fueron relacionados con ver televisión.

Tenga diabetes. Estudios demostraron que los tratamientos para la diabetes aumentan el riesgo de muerte: generan paros cardiacos y asfixia.

Hable por celular. Varios estudios han demostrado que los celulares son un gran detonante de cáncer cerebral. Por otro lado, recientes estudios demostraron que los celulares albergan una cantidad infinita de bacterias, heredadas de otras personas, que mataron 100 mil personas en Estados Unidos el año pasado.

Oiga música con audífonos. Un tren en California pasó por encima de un señor que iba oyendo música por audífonos y no oyó el tren. También pasó en Sudáfrica. Y en Pensilvania. Y en Charlotte. Y en Seattle. Un hombre en Nueva York, caminando por la calle con audífonos, fue atropellado y murió. Tal cual le pasó a una mujer que iba trotando en Oregon. Y un hombre murió porque no oyó un helicóptero que se cayó encima suyo. Existe, además, un estudio que dice que los audífonos son perjudiciales para la salud, pero no lo encontré.

Tome café. Un estudio descubrió que el café genera alucinaciones. Tres tasas de café, por ejemplo, pueden hacer que usted oiga una canción que no está sonando. Alucinar lo puede llevar a matarse. Sin embargo, si uno se toma algo más de cincuenta tasas de café en un día puede morir, según otro estudio.

No tenga amigos. La gente que no tiene vida social es cincuenta por ciento más propensa a morirse temprano que la gente con vida social, demostró un estudio.

Maquíllese. Los polvos, sobre todo los del maquillaje y los de bebé, contienen asbestos, un químico que, al inhalarse, genera cáncer. Y eso lo puede matar. La Academia Americana de Pediatras han recomendado no maquillarse cerca de los niños ni echarles polvos a los bebés.

Esté pasadito de kilos. Estudio demostró que, con tan solo dos kilos de sobre peso, las posibilidades de morir son más altas en un treinta por ciento.

Duerma con su perro
. Un estudio dijo: “el riego de transmisión de zoonosis por el contacto con mascotas y sus dueños en la cama o besándose es real, y ha sido documentado que puede generar atentados contra la muerte como plagas y parásitos internos.”

Ni se le ocurra salir con que todo en esta vida lo puede matar. Que los aviones, que los carros, que el terrorismo, que los terremotos, que las drogas, que el cianuro. Sí, todo eso nos puede matar. Pero todas esas son muertes evidentes, lugares comunes, que van a generar sospechas. En cambio, si usted se mata tomando café, por ejemplo, nadie va a sospechar. Y usted tendrá una muerte plácida y gloriosa, digna del ser humano íntegro y valiente que usted siempre fue.

 

Así que ahí están: una serie de prácticas perfectamente normales –bueno, menos dormir con el perro: eso sí es para gente rara– que lo pueden matar. Ya sabe cómo matarse. Y le sobran los argumentos. Suicídese sin suicidarse, y verá que la gente, ahora sí, lo va a empezar a querer como se lo merece.

Publicado en Blog SoHo en junio de 2011.

Written by pardodaniel

junio 18, 2011 at 10:17 am

La mujer y los medios en Colombia

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Después de 160 años, el periódico más respetado del mundo, The New York Times, tiene a una mujer sentada en el asiento del director, uno de los más codiciados y relevantes asientos del poder universal. Lo calificaron de histórico. Tina Brown, la periodista que sacó a The New Yorker del mamertismo y está por reinventar Newsweek, llamó el nombramiento un triunfo de la mujer en los medios. Un estudio reveló que las mujeres representan el 36 por ciento de las salas de redacción estadounidenses. Otro estudio estimó que son el 16 por ciento. De 500 medios en 60 países examinados en un estudio, el 73 por ciento de los editores eran hombres. Se suele decir que la escena del periodismo internacional está monopolizada por hombres y que el machismo es una práctica recurrente en este follón competitivo y solapado que son los medios de comunicación.

¿Qué pasa en Colombia?

Desde que apareció la prensa independiente, desde que en los años ochentas los medios dejaron de ser una mera extensión de los partidos políticos –un sector, ese sí, dominado por machos–, el papel de la mujer en la prensa colombiana ha crecido en calidad y cantidad. Esta es, temo decirle, una columna positiva.

La primera generación con influencia salió de la naciente revista Semana en los ochentas. Su dueño, Felipe López, siempre se ha rodeado de mujeres: de su harén salieron María Isabel Rueda y María Elvira Samper, dos señoras periodistas que no solo han ejercido un papel importante como opinadoras y denunciadoras, sino que, con el noticiero QAP, demostraron que las mujeres pueden estar a la cabeza de medios importantes. Cecilia Orozco, una de las mejores columnistas en la actualidad y directora de Noticias Uno, también trabajó para López en el Noticiero de las Siete. Al igual que Pilar Calderón y María Elvira Bonilla. Ahí ya tenemos un puñado de periodistas que superaron los obstáculos de ser mujeres en un mundo de hombres.

¿Hay que mostrar piernas a manera de Viena Ruiz para tener voz y voto en los noticieros? Los anteriores ejemplos demuestran que no. La actual directora de noticias RCN, Clara Elvira Opina, ha hecho lo que ha podido para sacar al noticiero del oscurantismo que demandan sus televidentes. Y todavía puede hacer más. Claudia Gurisatti es más presentadora que periodista, pero su Noche ha tenido puntos de relevancia y su labor como directora del canal internacional ha sido buena. De Vicky Dávila es fácil burlarse, porque da papaya y pasó por un momento de uribismo fanático que no le conviene a ningún periodista. Pero desde que decidió ser una periodista balanceada y preguntona y juiciosa ha cogido forma como periodista seria. Su Twitter puede ser irritante, su ‘hola’ exasperante, su Cosa política cursi. Pero Vicky Dávila, sobre todo como directora de La FM, ha mejorado. Otra periodista que está de moda en radio es la joven Camila Zuluaga, que aprovechó con juicio la confianza que le dio Julio Sánchez en al La W y se perfila como la sucesora de Félix.

Nunca una mujer se ha sentado en los asientos más codiciados de los impresos colombianos, los equivalentes a la dirección del Times: la de Semana, El Tiempo o El Espectador. Pero sí se han visto mujeres con la batuta de medios importantes. Cromos fue pionera en el mercado de revistas gracias a dos mujeres: Margarita Vidal, una de las mejores entrevistadoras en el país, y Marianne Ponsford, hoy directora de la genial Arcadia y autora de editoriales agudos y relevantes. El Colombiano, con María Mercedes Gómez al mando, se ha convertido sin escrúpulos en un estilo de Fox News paisa que le hace contrapeso al antiuribismo de los medios bogotanos. Y eso vale. DonJuan, que es desigual pero está bien diseñada y escrita, es obra de una mujer: María Elvira Arango. Los dos medios digitales más reconocidos son conducidos por mujeres: María Elvira Bonilla dirige la cada vez más comentada Kien&Ke y Juanita León hizo el medio de análisis y periodismo político más serio del país, La silla vacía. Las versiones radiales de Caracol y RCN son dirigidas por mujeres, Diana Calderón y Yolanda Ruiz, ambas buenas.

Mujeres opinadoras hay buenas y muchas: desde la experimentada María Jimena Duzán hasta la leída Carolina Sanín, desde la valiente Claudia López hasta la original Catalina Ruiz-Navarro, desde la irreverente Salud Hernández hasta la elocuente Natalia Springer. Hay mujeres con opiniones frescas, diversas y bien escritas para rato.

¿Por qué nos va tan bien, si este es un país machista y mojigato? Tal vez Florence Thomas diría que no: que la mayoría se han regalado al poderío del monopolio masculino. Tal vez, sí, muchas han tenido que mostrar piernas para ser oídas. Y tal vez los medios todavía estigmatizan a la mujer como un objeto: que SoHo y DonJuan sean medios masivos es un fenómeno único de este país. Tal vez el periodismo de género no exista en Colombia: ni Fucsia ni la edición para mujeres de SoHo cuentan como tal. Y tal vez no haya razones para celebrar: de los 62 columnistas de El Tiempo, apenas 10 son mujeres, y solo 19 de los 108 columnistas de El Espectador son mujeres. Tal vez haya mucho que hacer todavía para que la mujeres sean oídas en los medios en Colombia.

Pero después de que el nombramiento de Jill Abramson como directora del periódico más reconocido del mundo me hizo pensar en el estado de las mujeres periodistas en Colombia, caí en cuenta de que, para mi sorpresa, en esto no estamos tan mal como siempre estamos en todo. ¿Por qué? Tal vez porque el gremio del periodismo, a diferencia de la industria o la política o las finanzas, es liberal, progresista y cosmopolita. Y tal vez por eso hay indicios de que en este tema, solo en este, Colombia no está en una crisis abrupta. Y eso sí que es una sorpresa.

Publicado en Kien & Ke en junio de 2010.