Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

¡Salven la televisión!

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¿Se imagina que la televisión en Colombia fuera buena? Parece un chiste, ¿no? Sentarse a ver televisión colombiana es, al menos, un martirio: pasamos de Marlon Becerra y las propiedades curativas de la auyama, a Vicky Dávila y su cosa política moviéeeendose. Nadie de mi generación sabe cómo sería una televisión de calidad. Tal vez por eso muchos nos educamos con la televisión internacional, y de golpe por eso entendemos algo de inglés. Esa, de hecho, podría ser una de las ventajas de tener una televisión de paupérrima calidad. Qué maravilla.

Como todo en Colombia ‘se soluciona’ (entre comillas, sí) con leyes, ahora les dio por acabar con la Comisión Nacional de Televisión. Que, sí, no servía para nada. Que, sí, hay que modificarla. Pero y ¿ahora que vamos a hacer? Durante los próximos seis meses –con campaña de por medio; es decir, dos meses– van a discutir y definir cómo será y para qué va a servir el nuevo sistema de televisión. ¿Qué quiere decir eso? Que le van a cambiar el nombre a la identidad; cosa que no importa. Y que la van a quitar su carácter constitucional; cosa que da la misma. Es decir, se les van a ir los ‘seis’ meses en debatir lo que no es. Desde que llegó la televisión a Colombia su manejo y funcionamiento burocrático han estado en discusión. Y nadie se ha preguntado por qué diablos la televisión en Colombia es tan mala y qué vamos a hacer para mejorarla. Si vamos a hablar de televisión, hablemos de televisión. Y este es el momento. Hay que aprovechar.

La primera prioridad tiene que ser acabar con el duopolio del que gozan Caracol y RCN. Si eso no fuera así, las noticias no serían publirreportajes y el billón de pesos que les entra al año –92% de toda la pauta publicitaria en el país– no sería solo para ellos. Habría más y mejor contenido. Y nos ahorraríamos –entre tantas pequeñeces con las que todos sufrimos a diario– las insufribles propagandas en las transmisiones de fútbol: entre más competencia, más espacio donde pautar y mejor calidad. El poder económico, político y, lo que es peor, cultural que tienen estos canales es inaudito. Tanto, que los periodistas no los critican por miedo a cerrase puertas. Hay que emprender una política de todos contra los Cacaos y sus roscas.

Lo segundo es arreglar el tema de los canales públicos. Para responder al problema que se han convertido Caracol y RCN, Juan Manuel Santos dijo estar de acuerdo con la libertad de canales: que se salve el que pueda. Eso suena bien, pero trae innumerables consecuencias, como devolverle la plata de las concesiones a Caracol y RCN. Esa plata es, además, la que financia a los canales públicos. Así que nos quedaríamos sin ellos. Y parte del problema es que en este país, debido a la triste calidad del producto, nadie se interesa por la televisión pública. Sin embargo, los canales públicos son una necesidad para una democracia, porque no dependen de los anunciantes y eso garantiza independencia y buen contenido. France Télévisions y la BBC, por ejemplo, son cadenas que garantizan el buen contenido de los privados por ser competencia de talla, son ejemplos de innovación periodística, son símbolos culturales con los que la gente creció y garantizan una oferta de televisión balanceada.

Nosotros, en cambio, tenemos a Jorge Barón. Y a unos canales regionales que dedican doce horas del día a tocar villancicos en abril. Si vamos a decretar la libertad de canales, hay que apagar o privatizar o hacer un híbrido con los canales públicos. El Tiempo, Prisa y hasta Univision y Telemundo están interesadas en poner canales en Colombia. Los necesitamos con urgencia. Pero hay que pensar cuál es el impacto de su llegada en la televisión pública, que no puede desaparecer.

Por fortuna nunca he ido, pero tengo entendido que la Comisión Sexta de la Cámara, donde se tratan todos estos temas de comunicaciones, es un hervidero de viejos que a duras penas saben prender un televisor. En sus manos, además de un tinto en agua de panela, está el futuro de la televisión en Colombia, el pasatiempo y profesor de todos los colombianos. Y lo que me preocupa es que los temas de tecnología no están sobre le mesa. Uno ve a los políticos con sus iPads en la mano y ellos no parecen entender que esto, esta revolución sin precedentes en las comunicaciones universales, más temprano que tarde le llegará al resto de la población colombiana. ¿De verdad queremos concentrar nuestros esfuerzos en la televisión? Necesitamos de entidades del Estado que, además de llevar nuevas tecnologías a la población, innove por sí misma. ¿Se imagina que el Show de las Estrellas se pudiera ver por streaming en la fresca, funcional y exentan de publicidad página del Canal Uno? La gente, tal vez ahí, entendería de qué se trata el internet. Y tal vez su siguiente click sería en El Espectador y el siguiente, quién quita, en el New York Times.

Hablé con Ricardo Galán para esta columna. Él fue director de la Comisión, es bloguero y conocedor del tema. Coincidimos en que es el momento para darle un revolcón al sistema de televisión en Colombia. ¿A alguien en ese edén intachable donde viven los políticos se la ha ocurrido discutir cuál es la televisión que queremos y debemos ver los colombianos? Ojalá, en esos ‘seis’ meses que tienen para hacerlo, no se les vaya todo el tiempo pensando cómo le van a poner al Ente Regulador de la Televisión en Colombia.

Publicado en Kien & Ke en julio de 2011.

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Written by pardodaniel

julio 18, 2011 a 10:10 am

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