Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

No todos son Cubillos

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Ya todos, así de rápido, dieron su versión sobre la hackeada a Daniel Samper Ospina. Que merecido, dicen unos, porque le publicaron unos mails privados así como él publicó los de los Nule. Que ponchado, dijeron otros, porque revelaron su faceta maleducada. Que complicidad de los medios, oí por ahí, porque si hubieran sido los mails de Uribe nadie estaría hablando de la hackeada sino del contenido revelado. Y que víctima, como opinamos la mayoría, porque atentaron contra su privacidad.

Pero todo esto está basado en la especulación: las frases fueron sacadas de contexto y algunas, dijo Samper, fueron inventadas. El tema da para mucho debate. Y en lo único que estamos todos de acuerdo es que Johan Armando Cubillos, el estudiante que hackeó a Samper, es un tronco: publicó mal lo que encontró, cometió un delito obvio, no se supo esconder, en fin.

Pero ¿todos los hackers son así? ¿Acaso todos son niños prepotentes que, cegados por esa guerra de egos que es la red, cometen errores irremediables, juegan con la vida privada de personajes públicos y se ahogan en la contradicción? Creo que hay que pelear contra el estigma que se puede desprender del episodio de Samper Ospina. No todos los hackers son delincuentes sin argumentos, como Cubillos. Es más, un adolescente adivinando claves como Cubillos no es un hacker: “en Colombia se perratearon el término”, me dijo Camilo García (@hyperconectado). Ahora que todos estamos rajando de los hackers, vale la pena matizar el debate.

Un hacker –si lo entendemos en su dimensión más general– no es siempre un guerrillero de la red, un delincuente que destruye por destruir. Es un antisistema, y eso no es ilegal. Un hacker, en general, es un experto en tecnología que modifica un sistema para conseguir objetivos y crear nuevos productos que de otra forma es imposible.

Si no fuera por una táctica típica de un hacker, la policía no habría encontrado a Cubillos, porque rastreó su IP desde el computador de Samper. Es decir, hay circunstancias en las que las habilidades de un hacker son necesarias, justificables e incluso legales. Por ejemplo, si un hacker se metiera en la cuenta de Alfonso Cano y revelara su paradero, el hombre sería condecorado por Colombia entera en la Plaza de Bolívar.

Un hacker es como el Robin Hood de la era digital. Julian Assange, por ejemplo, es uno de esos hackers que ha sabido sustentar sus prácticas con argumentos. En los ochenta estuvo en la cárcel por espiar redes de multinacionales y del Estado australiano, en el 93 trabajó con la policía rastreando delincuentes por la red y en este siglo creó Wikileaks, una página que publica documentos secretos de los gobiernos. Wikileaks también viola una privacidad y penetra una red con prácticas ilegales. Por eso en Estados Unidos los quieren juzgar y por eso Bradley Manning, el soldado que filtró los documentos, está encerrado. Pero el valor político y periodístico de los documentos que ha publicado Wikileaks es indiscutible y todo se debe al talento de hackers como Assange. Que, sí, no son lo mismo que Cubillos, pero son un hackers.

Otro que fue hacker es Steve Jobs, creador de Apple. Las Blue Box, por ejemplo, son unas máquinas que permiten hacer llamadas de manera gratuita. Gracias a los experimentos de Jobs en los ochenta con las Blue Box, que eran ilegales, hoy existen los iPhones. El cofundador de Apple, Steve Wozniak, es un ídolo para los hackers.

La World Wide Web –esa red infinita de información gratuita que usted tanto usa– se creó en parte gracias a unos hackers que quebraron los sistemas de proveedores de servicios de internet privados como Prodigy o Compuserve.

Gracias a los hackers podemos conocer las falencias de un sistema digital y mejorarlo. Acuérdese de la película de Facebook, cuando la junta de Harvard le pide explicaciones a Zuckerberg por haber roto el sistema de la Universidad. “Aparte de mis cargos, creo que merezco el reconocimiento de esta junta”, dice el estudiante que cometió un acto ilegal pero descubrió los problemas del sistema. Zuckerberg revolucionó las comunicaciones y las relaciones sociales a punta de algoritmos y de hackear sistemas. Y hoy es víctima, paradójicamente, de múltiples intentos de hackeo.

El libro electrónico, ese artefacto que va a salvar a los medios impresos de la quiebra terminal, fue creado, en parte, gracias al hacker ruso Dmitry Sklyarov, que se inventó el código para pasar la información de algoritmos a letras legibles. Fue a Estados Unidos a dar una conferencia, terminó y lo arrestaron, porque Adobe, la compañía de software, denunció que había hackeado uno de sus códigos. Después se retractaron, hoy está libre y es reconocido como el hombre que hizo posible la masificación de los e-books.

Muchos hackers se arriesgan a terminar en la cárcel y ser condenados por el estigma que ha resultado de los innumerables Cubillos que hay en la red. Pero no por casualidad muchos han salido de prisión a trabajar con agencias de inteligencia y hoy son multimillonarios. Son personas con habilidades extraordinarias.

Que no se confunda hacker con ingeniero de sistemas: el hacker tiene un conocimiento único –no solo tecnológico, sino también político, social y cultural– con el que puede darle un nuevo a rol a un sistema que no terminamos de descifrar. Y que no se piense que yo aplaudo prácticas ilegales, como publicar las intimidades de los demás. Pero hay algo de los hackers, ese conocimiento único y arriesgado que ha dado con los inventos más importantes de nuestra era, que son dignos de celebrar.

Ahora bien: en el mundo hay más Cubillos que Steve Jobs. Y cada vez son más: LulzSec, Anonymous y otras organizaciones hackearon a Master Card, PayPal, Gawker, PlayStation y muchas otras compañías en el último año con argumentos débiles. Y ni hablar en Colombia. Los hackers, en su mayoría, son un peligro al que debemos acostumbrarnos. Un peligro que, sin embargo, en su minoría, también la ha dado cosas buenas al mundo. Supongo que hay hackers buenos y hackers malos. Los primeros van al cielo. Los segundos, al infierno. Ambos, en casi todos los casos, pasan por la cárcel.

Publicado en Kien & Ke en agosto de 2011.

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Written by pardodaniel

agosto 18, 2011 a 4:03 pm

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