Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

“El 11 de septiembre volvió loco a todo el mundo”

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Robert Fisk salía de Paris el 11 de septiembre de 2001. Iba para Washington. Antes de que despegara el avión, habló con su editor en el Independent y se enteró de que un avión había caído en una de las torres gemelas en Manhattan. No le dijo a nadie. El avión despegó. Durante el vuelo, Fisk mantuvo contacto telefónico con su redacción, quienes le contaron de otros dos aviones que había caído en las torres y uno más en el Pentágono. Fisk, entonces, se volvió la fuente de información para la tripulación: se fue para la cabina y le contó todo al capitán.

Robert Fisk, un periodista inglés que podría forrar su casa con prestigiosos premios, le dedicó su vida a cubrir el mundo árabe. El 11 de septiembre, Fisk sabía que el ataque era obra de Bin Laden. Estaba seguro, y sabía el por qué. Y la gente sabía que él sabía. Por eso su teléfono no dejó de sonar durante el vuelo: los medios internacionales necesitaban una explicación.

Entonces le contó su versión al capitán, quien, en seguida, fue a buscar sospechosos por el avión. Encontró unos 30 musulmanes. “Fue la primera y única vez en mi vida que toleré un acto racista”, me dijo Fisk en la entrevista telefónica que me dio desde su oficina en Beirut, su ciudad hace más de 30 años.

Uno podría decir que, gracias a Fisk, el Independent, un periódico liberal que ha sufrido más que ninguno los golpes del internet, sigue vivo: la gente compra el periódico para leer los análisis y reportajes de Fisk. Es, como dijo el New York Times alguna vez, el especialista en Medio Oriente más importante del mundo. Y lo más valioso: siempre ha sido un ferviente crítico de Israel, Estados Unidos y un defensor asiduo de la causa palestina. Ahora está entusiasmado con la Primavera árabe. Robert Fisk le demostró al mundo que un periodista riguroso también puede tener una subjetividad. Acá, una muestra.

¿Cómo se siente con los aniversarios de eventos históricos que hacemos en la prensa?

Demuestran nuestra doble moral. En la masacre de Sabra y Chatila en el 82 mataron a más de cuatro mil personas en Palestina. Eso es la mitad de las muertes del World Trade Center. Las fechas las recordamos: 16 de septiembre. Yo la recuerdo cada septiembre. Y nunca uno ve una pieza periodística que conmemore la muerte de todas estas personas. Hacemos aniversarios de lo nuestro, nunca de los demás. ¿Qué conmemoración le han hecho a los miles de iraquíes que murieron en los últimos 10 años? Si realmente viéramos los aniversarios como una forma de reflexión, en vez de verlo como una justificación, entonces deberíamos recordar otros aniversarios. Recordamos el final de la Segunda Guerra Mundial, sí, pero nadie celebra el final de la guerra de Vietnam o la de Corea.

¿Cuál es su perspectiva general del 11 de septiembre diez años después?

No he cambiado mi punto de vista, y tal vez nunca cambie. Después de la Segunda Guerra Mundial, en occidente nos convencimos, tal vez con buenas razones, de que se puede pensar en una justicia internacional, en derechos humanos. Nos inventamos la ONU, la Cruza Roja. Creamos toda una serie de leyes para hacernos pensar que el mundo era un mundo más justo después de la Guerra. Y el 11 de septiembre, que se interpretó como un crimen contra la humanidad, nos hizo perder el optimismo sobre los derechos humanos, porque nazificó a occidente. Cuando occidente se enfrascó en las guerras de Afganistán e Irak, el gran problema de su discurso fue tratar de justificar las invasiones con el argumento de la justicia. Bush no estaba interesado en llevar a Bin Laden a una corte internacional. Y ni Obama lo estaba, porque cuando finalmente lo capturaron lo mataron. No le dieron la oportunidad de rendirse y darle la cara al mundo. Entonces, cuando se habla del 11 de septiembre, lo primero que se debe tener en cuenta es que no estamos hablando de justicia.

¿O sea que, según usted, las invasiones de Afganistán e Irak nunca se justificaron?

Lo justificaron con mentiras, y ese fue el problema. Bush y Blair sabían que estaban mintiendo sobre las armas de destrucción masiva. Pero pensaban que lo hacían por una buena causa. Occidente nunca supo responder con inteligencia a los ataques de Al Qaeda. De haberlo hecho, desde un principio habría condenado a las dictaduras árabes que financiaba. Pero nunca lo hizo. Cuando la revolución egipcia estaba en auge en enero pasado, Estados Unidos casi no manifiesta su apoyo a las manifestaciones. Lo mismo con Siria. Esa idea de que occidente ganó la guerra contra el terrorismo y supo responder a Al Qaeda porque invadió y derrocó a Sadam Hussein en Iraq es completamente absurda. La guerra en Iraq todavía es un fracaso. Y lo increíble es que la solución está llegando por otro lado: la juventud.

¿Quién ganó la guerra contra el terrorismo?

Nadie. Si acaso los fabricantes de armas. Bin Laden ganó en un principio, porque probó que occidente no cree en la justicia, como llevaba medio siglo mofándose. Pero cuando lo cogieron, Bin Laden había perdido la batalla: la gran pelea de Al Qaeda era derrocar a los dictadores árabes financiados por occidente. Y eso lo lograron hacer unos jóvenes sin armas en las calles de Egipto y Túnez. La primavera árabe le probó a Bin Laden que el terrorismo no era el medio para alcanzar sus objetivos políticos.

Dicen los de las teorías de conspiración que el 11 de septiembre fue obra de la CIA, Bush y muchos otros. ¿Qué piensa usted de estas teorías?

No las descarto, aunque las dudo mucho. Si Bush logró hacerlo todo mal en el medio oriente y en sus políticas internas, ¿cómo diablos hizo para tumbar las torres con éxito? Pero, por otro lado, también me pregunto ¿dónde están las partes de los aviones y las investigaciones científicas sobre los atentados? Hay muchas preguntas por resolver. La versión oficial es pobre, así como la que han reportado los medios. No soy un teórico de la conspiración, pero es verdad que la verdad sobre el 11 de septiembre nadie la sabe.

¿Entonces lo medios no supieron cubrir el 11 de septiembre?

Cambiaron su visión con el tiempo. Hoy son críticos de Bush y sus guerras, pero en su momento y durante los primeros cinco años de la guerra en Iraq, la prensa norteamericana nunca condenó las invasiones. Seymor Hersh alguna vez me dijo que uno no va a ver críticas de la invasión en el New York Times porque los hijos de la gente que trabaja en ese periódico no estaba matándose en Iraq. Ellos sí fueron a buenas universidades.

Usted siempre ha sido crítico de Israel, ¿qué papel juega en todo esto?

Un papel importante que sin embargo occidente siempre ha ignorado. El 11 de septiembre lo etiquetaron de terrorismo, y con eso se quedaron. En occidente nunca se preguntaron cuál podría ser la razón de los ataques, la cual tenía mucho que ver con la ocupación de Gaza y el conflicto entre Israel y el pueblo palestino.

Usted vive y trabaja en el medio oriente. ¿Cómo ven los árabes el 11 de septiembre?

Si lo miramos desde un ángulo general, yo creo que ellos están convencidos de que chocar un avión contra un edificio no es buena idea. Siempre he dicho que esta es gente nosotros. Podemos tener todo distinto, pero, en general, para ambos la muerte masiva de personas inocentes no está bien. La gente acá estaba muy impactada con las imágenes de los atentados. Occidente piensa que el mundo islámico no sabe lo que nosotros sabemos sobre ellos, porque tenemos mejores universidades y demás. Pero ellos saben su historia. Y leen. Y pueden leer en inglés, cosa que nosotros no podemos hacer en árabe. Ellos entendieron, mucho antes que nosotros, que la venganza de Estados Unidos iba a acabar con Afganistán.

Pero… ¿y las imágenes que se publicaron de árabes celebrando después de que las torres cayeron?

Esas imágenes eran sacadas de archivo y no reflejaban el sentimiento de la mayoría de los árabes en ese momento. Claro, sí hubo gente que entendió de otra forma el ataque: ¿cómo vamos a vivir en una sociedad administrada por gente que perdió su fe? Para un islámico, es muy difícil entender la idea de una sociedad secular. Para ellos, occidente es inconcebible, a veces inmoral. Por eso algunos de ellos lo celebraron: porque no se sienten bien siendo ocupados y manejados por gente que no cree en Dios.

¿Qué aprendió occidente del 11 de septiembre?

El hecho de que sigamos improvisando me hace pensar que nada. Justificaron las invasiones sin planeación ni objetivos concretos. Un ejemplo: cuando Churchill propuso invadir Alemania cuatro años antes del fin de la Segunda Guerra, la universidad de Cambridge abrió un programa de postgrado para analizar cómo debería ser la ocupación de Alemania. Occidente solía planear. Ya no lo hace: solo improvisa. Y lo increíble es que todavía lo hacen: siguen atacando a los talibanes con la excusa del 11 de septiembre, cuando todos hemos podido comprobar que los talibanes no son los representantes de Al Qaeda en Afganistán. El 11 de septiembre volvió loco a todo el mundo, creó monstruos. Y hoy todavía no se sabe cuáles serán las últimas consecuencias.

Publicado en El Espectador en septiembre de 2011.

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Written by pardodaniel

septiembre 4, 2011 a 9:22 pm

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