Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

Colombia según el mundo y el mundo según Colombia

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¿Cómo sobrevive un mono mal bronceado en tierra de mulatos descamisados? ¿Cómo logra un periodista del New York Timesacceder a una puta en un recóndito barrio de Cartagena? ¿Cómo la consigue, le habla, le explica qué es el New York Times y la convence de que lo deje tomar notas?

Es la pregunta que trasnocha a los periodistas colombianos que cubrieron y todavía cubren el escándalo del servicio secreto gringo en el burdel cartagenero: ¿por qué un gringo ignorante de la idiosincrasia costeña me chivió jugando de local? Pagaron. Pero ese periódico no suele pagar, no tiene plata para pagar y fiscaliza cada vez que un medio paga. La respuesta es otra. Y es, una vez más, que somos poca cosa. Que tenemos complejo de ser colombianos, que le tenemos miedo a la prensa internacional y que hacemos el periodismo que nos merecemos.

Ayer se nos fue el día entero debatiendo quién es el culpable de los señalamientos internacionales por prostitución, como si fueran mentira y como si eso importara. Siempre estamos buscando al culpable en los demás. Es la doble moral bajo la cual se rige este país que con urgencia necesita una visita al psicoanalista.

Si el New York Times no hubiera destapado el escándalo del prostíbulo en Cartagena, la denuncia no habría salido del todo. Porque consciente o inconscientemente los medios patrios le siguieron el juego al gobierno de que el objetivo de la cumbre era dejar a Colombia bien frente al mundo. Por otro lado, la prensa colombiana suele tener tapujos al cubrir eventos de la vida privada de los poderosos. Y más importante: la prensa colombiana, así como todos nosotros en esta parcela católica, tiene complejo de adolescente que no sabe jugar fútbol: prefiere no jugar antes que jugar mal. Tenemos complejo, digo, porque pensamos que toca dejar a Colombia bien frente al mundo.

Por eso escondieron a los indigentes, por eso nos vestimos con la mejor pinta para viajar en un avión y por eso tenemos embajadas más lujosas que Suecia en París y Madrid. Porque qué penita quedar como país pobre y atrasado y putero. Cada vez que nos dicen que Colombia es cocaína y violencia, que es en parte lo que somos, nosotros brincamos a decir que también es café y playas bonitas. Somos, como la llamó Ana María Cano, una corte insana.

También por esta lógica de ‘la ropa sucia se lava en casa’ fue que reaccionamos como fieras ante el reciente artículo de El País sobre Medellín, en el que se retrataba con pluma e investigación primaria la sanguinaria realidad que se vive en las comunas hace años.Llamaron al periodista a pedirle explicaciones, a que –siguiendo el método uribista– oyera una lista de números que contradecían su investigación, para ponerla “en contexto”. “Porque solo se enfocó en lo malo”.

El foco del periodista de El País nos indignó porque eran las cosas malas, pero, si hubieran sido las cosas buenas, ahí sí llamamos a felicitarlo por su implacable reportería.

El periodismo es una ciencia inexacta y subjetiva. Según la pregunta que el reportero considere relevante explicar, hace una selección de ejemplos y realidades y fuentes que se la contestan. Uno se puede enfocar en lo bueno, en lo malo, en ambas. Depende del objetivo. Lo importante es que lo haga bien. Pero en Colombia es distinto: acá solo queremos hablar de lo bueno. Cuando, y esta ya es mi opinión, lo importante debe ser retratar lo malo, a ver si se arregla. En Colombia, sin embargo, nos inventamos programas de radio y especiales periodísticos que solo se dedican a las buenas noticias.

Y no es más que por esa crisis de identidad quinceañera que hemos celebrado la portada deTime como si fuera la clasificación al mundial de fútbol. Hubiera sido una portada sobre Bogotá, parapolítica, corrupción, prostitución, desigualdad, delincuencia, maternidad temprana, DAS, desmovilizaciones, hambre, educación, nepotismo o cualquier otra de nuestras desdichas que con facilidad se pueden argumentar como un fenómeno digno de portada de revista internacional, y arman marchas y crean fundaciones para enaltecer el nombre de Colombia.

Si de algo sirvió la portada de Time es para demostrar que esa revista es pésima. Ni siquiera eso, ni el lobby del santismo vendiendo la idea de que “Colombia está de moda” con la revista en la mano, sirvió para aparentar que estamos bien: no solo el escándalo del servicio secreto develó el grave problema de prostitución que sufre Cartagena y nos hizo quedar como un prostíbulo, sino que internamente nuevas encuestas demostraron que la gente ya no está tan feliz con la realidad nacional.

¿Por qué el New York Times denunció el escándalo que cualquier medio nacional hubiera podido revelar con mucha más facilidad? Porque el periodista colombiano –por colombiano más que por periodista– tiene complejo de quedar mal ante el mundo. Y, encima, porque cada vez que un periodista colombiano ve a un colega internacional, se asusta, como si todos ellos, y ahí está el ejemplo de Time, fueran paradigmas del periodismo perfecto.

Por eso cada vez que un medio internacional menciona a Colombia armamos noticia: porque solo nos miramos el ombligo y, cuando miramos para afuera, es arrodillados.

Publicado en Kien&Ke en abril de 2012.

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Written by pardodaniel

abril 26, 2012 a 9:26 pm

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