Daniel Pardo's Blog

Un reguero de letras, por Daniel Pardo

Archive for agosto 2012

Julian Assange ahora duerme en un colchón inflable

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Julian Assange está en la cárcel. Se encuentra en una de las oficinas de la embajada de Ecuador en Londres, que es un apartamento de diez cuartos tal vez nunca utilizados para prácticas diferentes a la burocracia. En el despacho que le adaptaron para que resida, y donde lleva 64 días enclaustrado, no hay ventanas. Le pusieron una ducha, una caminadora y una cocineta. Duerme en un colchón inflable. Tiene una conexión a internet y solo dos formas de recibir el sol: o con la lámpara de luz solar que le instalaron o desde el balcón de la embajada donde dio un discurso este domingo.

Julian Assange está en asilo diplomático en la embajada de Ecuador porque Suecia, cuya justicia lo investiga por abuso sexual y violación, lo pide en extradición. El Reino Unido, donde se encuentra hace dos años, la concedió y amenazó, en un “suicida” falso positivo de su canciller, con asaltar a la embajada. Ecuador y el activista político creen que la acusación es el pretexto de una conspiración de occidente para condenarlo por revelar, entre otras cosas, los oscuros secretos de la diplomacia de Estados Unidos en unos cables confidenciales.

Julian Assange, el fundador de la organización de filtro de documentos secretos llamada WikiLeaks, habló en público el domingo después de no haberlo hecho en dos años. Su aspecto ha cambiado desde que el mundo lo conoció cuando dio una rueda de prensa presentando los documentos secretos de la guerra de Afganistán, a finales de 2010. En esa oportunidad tenía el pelo más largo; al frente tenía un computador Mac y detrás, los avisos del Frontline Club, el sindicato de periodistas de guerra que lo acogió tras su llegada a Londres. Mostraba la portada del progresista diario The Guardian, que en ese momento –ya no– era su aliado. El peliblanco se presentaba como un revolucionario del periodismo, un símbolo de la libertad de expresión.

Julian Assange, el ahora comensal del presidente de Ecuador Rafael Correa, es hoy otra cosa. El domingo vino rapado, con corbata roja. Leyó un discurso de lugares comunes, cual político latinoamericano. Se paró en un púlpito decorado con la bandera y el escudo de un país hoy dirigido por un caudillo que ha cerrado seis estaciones de radio, intimidado a periodistas y prohibido a sus funcionarios hablarle a la prensa privada.

Julian Assange es un peón de Rafael Correa. La idea de que Estados Unidos lo quiere juzgar de espionaje, como ha hecho con la fuente de los cables secretos, Bradley Manning, es una excusa del primero para ausentarse de la corte sueca. El segundo quiere, en vísperas electorales, jugar una carta nacionalista similar a la que sus camaradas bolivarianistas usaron como plataforma internacional y de fuente de favorabilidad sensibilera en casa. A la señora De Kirchner, reciente dramaturga de un nuevo cruce de declaraciones con el Reino Unido por las islas Malvinas, cabe nombrarla como un antecedente a estas jugadas en nombre de la “soberanía”.

A Julian Assange las circunstancias lo convirtieron en la herramienta retórica de un político en cuya frente hay un rótulo que dice “Autoritario”. Ahora WikiLeaks, que comenzó siendo un movimiento a favor de la libertad de información, “se convirtió en algo vago, antiimperialista, antiamericano y anti-OTÁN”, como afirmó Padraig Reidy, del Índice de Censura. Al ser el arte de la ilusión, la política tiene una enorme capacidad de desilusionar.

Julian Assange –que tiene 41 años y tuvo un hijo a los 18– estaba lejos de ser ese dinosaurio del club de los perseguidos en agosto de 2010, cuando dio una conferencia sobre periodismo de guerra en Estocolmo. En los días que estuvo ahí, el ojicerrado tuvo relaciones sexuales con dos mujeres. Una de ellas fue quien lo invitó al evento e hospedó en su casa en el la capital sueca. El 17 de ese mes la corte sueca ordenó el arresto del exhacker después de que las dos mujeres lo acusaron ante la policía de haber abusado de ellas sexualmente. Son cuatro los cargos que se investigan: “coerción ilegal”, “acoso sexual”, “acoso deliberado” y “violación”.

Julian Assange es, en parte, protagonista de un choque cultural. Tuvo sexo con una de las mujeres mientras ella dormía y sin condón. La justicia debe determinar, con la ayuda de su eventual testimonio, cuándo y cómo fue que el sexo consensual pasó a ser no consensual. Lo que para la mentalidad latinoamericana puede no ser muy grave –sujetar a una mujer o tener relaciones sexuales con ella sin su consciente beneplácito– en Suecia se castiga con cuatro, seis y hasta diez años de cárcel. Según un índice de la Unión Europea, Suecia es el país de Europa donde más se reportan casos de abuso sexual: 53 por cada 100 mil habitantes en 2010. Aunque la cifra puede sugerir que los suecos son violadores por naturaleza, también puede ser la consecuencia de un rígido sistema judicial inspirado en una fuerte concepción de los derechos de las mujeres. Los partidos feministas en Suecia son populares, y en parte por eso, como lo dijo en una comentada columna la periodista sueca Karin Olsson, al nuevo mejor amigo de Rafael Correa “no le quedan muchos amigos en Suecia”.

Julian Assange ya no puede recorrer Vietnam en moto, como hizo en los noventa, porque está arrinconado en una oficina. En el improbable caso de que termine en Ecuador, se encontrará enclavado en un recóndito platanal donde la libertad que él alguna vez simbolizó –y todavía, según los que se pusieron las máscaras de Anonymous el viernes– se acomoda según circunstancias populistas. La otra opción que tiene, y que según su abogado Baltazar Gazón está meditando si le dan la garantía de que no será extraditado a Estados Unidos, es rendir indagatoria en el tercer país más democrático del mundo.

Cualquier cosa que pase, Julian Assange terminará en una cárcel.

Publicado en Kien&Ke en agosto de 2012.

Caricatura de Steve Bell en The Guardian.

Written by pardodaniel

agosto 22, 2012 at 8:16 pm

Si yo fuera Néstor Morales

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Yo, de Él, no diría “yo me inventé” algo, lo que fuera, como dijosobre el formato de la confrontación que dirigió en el programa de opinión Hora 20. Porque, primero, el debate se lo inventaron los griegos. Ademásestá el antecedente del Tertuliano. Y porque, más importante, uno no dice eso. A menos de que quiera, y le guste, dar papaya para que se la monten por arrogante y egocéntrico.

Si yo, entonces, fuera Modestor Morales, aprovecharía como un niño al que le dan permiso de desordenar la sala de la casa para hacer guerra de cojines la oportunidad que el no tan pobre Grupo Santo Domingo le puso en bandeja para acabar con todo lo que está mal en la radio colombiana.

Primero, los periodistas. Si la idea es, como dijo, hacer y decir las cosas de una manera distinta a como hacen y dicen las cosas RCN y Caracol, lo primero que yo haría si fuera Néstor Morales sería no hacer lo primero que hizo Néstor Morales: llamar a los mismos Zuletas, Bonnets y Pizanos que hablan a diario en RCN y Caracoly sus derivados en prensa y televisión y radio.

El clientelismo también aplica al periodismo. La razón por la que vivimos casi 200 años de bipartidismo elitista es, en parte, la misma razón por la que la prensa pasa de un unanimismo a otro cada cuatro, y ahora cada ocho, años. Porque la política y la prensa siempre se han hecho, y todavía se hacen, con los mismos y con las mismas personas, métodos, fuentes y objetivos. ¿Cómo decir y hacer las cosas diferentemente?

Si fuera Morales, armaría mi equipo con la gente que no sale en las sociales deSemana ni va a los almuerzos de Felipe López. Solo así, pensaría, se podrían decir y pensar cosas distintas a lo que se dice todas las santas mañanas en las 287 emisoras que tenemos. No solo Twitter es buen espacio para encontrar diferentes, mejores y menos perezosas voces a las de siempre. La radio pública es otro: en vez de reclutar gente de El Espectador, yo le estaría robando gente a la Radio Nacional, donde sí se dicen cosas distintas. Radiónica es otro criadero de talento. Y lo mismo en las regiones: sacaría a dos o tres periodistas rasos de las emisoras regionales que sí han salido de Bogotá y les daría el micrófono que nunca tuvieron. Porque darle más micrófono a Felipe Zuleta no es ser innovador: es hacer lo mismo que llevamos haciendo hace 200 años.

En ese sentido, otra cosa que haría si estuviera en los zapatos de Morales sería abrirle la sala de redacción a la audiencia. No haría lo de Julio, por ejemplo, que es poner al aire y en desorden las voces de la gente. Yo los acogería, discutiría con ellos los temas del día y, después de una rigurosa depuración, pondría sus voces al aire. Haría foros de comentarios como este. Y programas de discusión por internet como este. Y también le contaría a la gente cuál es el plan de investigación del día, así. Empezaría, pues, un diálogo con las audiencias que no dejara sus voces en el olvido del silencio que se oye después de cada intervención de un oyente en La W.

Otro tema es la página. El futuro de la radio es en internet, sin duda, y en consecuencia los programas de nicho van a ser cada vez mejor pagados por la pauta, gracias a la fidelidad que promete una audiencia segmentada. Por eso yo, si fuera Néstor, no imitaría las noticiosas e inmediatistas salas de redacción de periódico, ni tendría periodistas para cada fuente. La chiva, recuerde, se acabó. Yo solo armaría programas para públicos segmentados dirigidos por expertos externos. Algo así.

Yo, de Morales, armaría con la página una red social de audios como esta: instalaría un software, que podría ser Soundcloud, para que la gente pueda subir, calificar, publicar y oír sus audios y los de otros. Escogería los mejores, les haría curaduría periodística o musical y los publicaría en la frecuencia. Mi página, si fuera Morales, tendría poco texto y mucho audio. Sería una plataforma donde la gente oiría a las nuevas bandas o conocería las noticias que los periodistas omiten, que no son pocas.

No haría una alianza con El Espectador, ni con Cromos, ni con ningún panfleto del Grupo. Haría alianzas con las emisoras regionales, sobre todo, y trataría de llegarle a más gente vulnerable a través de la radio por teléfono, como hace la Deutsche Welleen África. También llamaría a una alianza a los señores y señoras de Radio Ambulante, ese proyecto latinoamericano de crónicas de radio por internet que le da cátedra a todos los Arizmendis.

Si Alejandro Santo Domingo me hubiera llamado a mí como llamó a Néstor Morales, yo le habría dicho de entrada que mi proyecto no se prestaría para hacerlepropaganda a las telenovelas y productos de sus canales y revistas y cervezas. Ser innovador en el periodismo colombiano es fácil: solo hay que ser independiente, que es prácticamente imposible.

Como pueden ver, lo que yo sufro es de envidia (y de ingenuidad crónica). La verdad es que yo quiero y sueño con ser como Néstor Morales. Y por alguna parte tenía que empezar. Ahora me voy a comprar un tarro de gel.

Publicado en Kien&Ke en agosto de 2012.

Written by pardodaniel

agosto 16, 2012 at 7:54 pm

El gobierno de internet: ¿la nueva guerra fría?

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mundo internet

Es eficiente, popular, conveniente. Y ahí pasamos horas. Pero, ¿quién gobierna internet?

Internet no solo es una herramienta que usamos día a día. Es, entre otras cosas, una enorme fuente de riqueza. Y también un escenario de conflictos cuyo manejo se está convirtiendo en un tema de acalorado debate.

2012 es un año importante para internet. La discusión sobre quién debería gobernarla -si es que, en efecto, alguien debería gobernarla- ha ido tomando fuerza en los últimos meses.

En diciembre, los gobiernos de 193 países, congregados por las Naciones Unidas (ONU), se reunirán en Dubai para abordar el tema.

Se trata de un debate complejo, que tiene múltiples aristas técnicas, filosóficas y políticas. BBC Mundo les presenta algunas de las claves de lo que algunos vaticinan podría convertirse en “la nueva guerra fría”.

Orden vs desorden

Un comentado artículo de la revista estadounidense Vanity Fair lo tituló así en mayo pasado: “La guerra 3.0”. En ese texto, el periodista Michael Joseph Gross reduce la guerra por internet a dos bandos: desorden contra orden.

En el primero están quienes piensan que internet debe seguir siendo lo que es hoy: la red neutral donde los contenidos entran, se comparten y se encuentran de manera libre. Un lugar donde -simplificando- no hay reglas.

Los segundos piensan que internet debe tener el mismo estilo de estructuras de autoridad que hay en la sociedad, donde las nociones de privacidad, propiedad intelectual, seguridad o soberanía regulan el actuar de los ciudadanos.

Qué se gobierna

La gobernanza de internet se debate en tres aspectos diferentes, aunque relacionados: el nivel físico, el nivel lógico y el nivel de contenidos. En cada uno de ellos se reproduce la pelea entre los que quieren cerrarla -orden- y quienes sostienen que debe mantenerse abierta, el desorden.

El aspecto físico de este debate se refiere a los cables y tubos por los que corren las señales de internet, donde hay un enfrentamiento abierto entre entidades públicas y privadas.

Lea también: ¿Dónde vive internet?

El aspecto lógico tiene que ver con el sistema de dominios que identifica quién es y dónde está el usuario de internet. Los datos se trasladan entre una computadora y otra de manera libre: hoy en día, la Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números (ICANN) administra esa red de dominios. El debate es si debería poder desechar ciertos contenidos y darles prioridad a otros.

Lea también: Nace un internet de dominios infinitos

Este punto tiene que ver con el aspecto del contenido, que es el más familiar y polémico, en parte porque afecta directamente los hábitos del usuario. Acá se discute si internet debería tener mecanismos de regulación que protejan los derechos de propiedad de quienes generan el contenido. Esto, dicen quienes contradicen esta postura, afectaría a la cultura de copiar, pegar, compartir, parodiar y, en suma, tener cualquier contenido a dos clicks de distancia.

Lea también: La lucha de nunca acabar por el control de internet

Cómo está gobernado hoy

Pero internet no es del todo libre hoy en día: tiene varios gobiernos, como la estadounidense ICANN.

“La pregunta no es si internet debe o no ser regulada, sino quién y cómo se debería hacer”, le dijo a BBC Mundo el profesor de la Universidad de Surrey Alan Woodward.

“Se suele olvidar que la última palabra de todas las decisiones sobre internet la da el Departamento de Comercio de EE.UU.”, país donde se originó esta tecnología y se establecieron las reglas que hoy la regulan.

Woodward dice que cambiar la manera como se gobierna internet es riesgoso. Al final, internet ha sido la herramienta que más poder les ha dado a los ciudadanos en la historia. Modelos de control como el chino no parecen viables en un sistema liberal, dice.

vint cerf

Pero gobiernos como el de Rusia y China criticaron este modelo de gestión, en parte porque los parámetros actuales de libertad en internet fueron pensados por Estados Unidos. Sin embargo, Woodward le dijo a BBC Mundo que no cree que EE.UU. esté dispuesto a “entregar las llaves del reino”.

¿Un desorden organizado?

Vint Cerf, conocido como el padre de internet, ha dicho en numerosas oportunidades que una entidad universal para gobernar la web es inviable, porque no todos tenemos las mismas concepciones sobre la privacidad o la civilidad.

Dan Kaminsky, experto en seguridad -conocido por gestionar la respuesta a un ataque cibernético en 2008- ha escrito en varias oportunidades en su conocido blog que el principio de la fiabilidad –que se instauraría con un sistema de autenticación del usuario– es el único rector capaz de ordenar la red.

También hay una corriente académica –Media Literacy– según la cual una mejor educación sobre internet -donde el usuario entienda a qué se atiene en la red y cómo debe manejarla- es la mejor forma de lidiar con el caos.

Las fuerzas del desorden organizado, concluye el artículo de Gross enVanity Fair, creen que internet debería poderse desarrollar sola como las sociedades lo han hecho a través de la historia. Internet, señala, hará su propia estratificación del poder y creará sus propios regímenes. Tratar de integrarle estructuras conocidas de poder, dice, puede ser peligroso.

El año de internet

Este año, varios gobiernos del mundo han planteado leyes para pelear contra la piratería. En enero se produjo un apagón de Wikipedia en protesta por la ley SOPA en Estados Unidos. Desde entonces, el debate ha sido constante.

La Unión Internacional de Telecomunicaciones reunirá a 193 países en diciembre para revisar los acuerdos internacionales que regulan internet actualmente.

El Grupo de Trabajo sobre el Gobierno de Internet (WGIG) de la ONU, creado por Kofi Annan hace años, no ha podido llegar a una conclusión, según Woodward.

Publicado en BBC Mundo en agosto de 2012.

Written by pardodaniel

agosto 13, 2012 at 11:57 am

El fin del periodista sabelotodo

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Primero fue Cortés en clave de burla: “una joven promesa del oficio nos muestra su puño de hierro en estas horas aciagas”. Le siguióOspina en clave irónica: “el pasado y el presente del periodismo se inclinan sobre el horizonte del futuro y le dan la bienvenida a un país que ha de forjarse a pulso”. Y después fue Silva en clave de pregunta: “¿no era otro entrevistador sordo extraviado en el oficio de impartir justicia?”

Luis Carlos Vélez se delató por sí solo. Sus palabras en la entrevista con los indígenas develaron su personalidad y criterio periodístico sin la necesidad de que alguien lo hiciera por él. Y comprobaron que el periodista sabelotodo está para que lo empaquen. En papel periódico, por supuesto.

En el segundo capítulo de la nueva serie de Aaron Sorkin, The Newsroom, el director/presentador que la protagoniza se faja un editorial sobre la moralidad y la responsabilidad de los medios en el que se pregunta “¿Quiénes somos nosotros para tomar estas decisiones [de lo que es más importante o es verdad]?” Y se responde a sí mismo: “Somos la élite de los medios”.

Ese es, supuestamente, el periodismo gringo en el que Vélez se formó, donde la labor social y política del periodista es mantener la democracia saludable. Que suena bonito, sin duda, pero que no puede estar más alejado de la realidad: no solo no existe semejante verdad objetiva que valga la pena defender sino que los periodistas no son, en general, lo suficiente independientes del poder político y comercial como para tratarlo. Vélez no entrevistaría ni a Santos ni a Luis Carlos Sarmiento como entrevistó a los indígenas.

El periodista sabelotodo y poseedor de la verdad funcionaba en un mundo donde la divulgación de la información era una cuestión de élites y el público no tenía ni voz ni voto. Pero hubo un momento –ni sé cuándo, tal vez sigue en curso– en el que las audiencias despertaron y dejaron de sentirse relegadas en la producción de noticias. Pudo haber sido internet, la globalización, yo qué sé. Lo cierto es que el erudito de la información ya no es un modelo a seguir, sino un cliché de los nostálgicos de la modernidad como Sorkin o el mismo Vargas Llosa y su élite ilustrada.

Para las audiencias actuales saberlo todo es, más que un síntoma de excelencia, un objeto de sospecha. Porque, primero, nadie lo sabe todo. Y segundo, porque en esa red de información donde la gente puede escoger qué quiere consumir deja de ser necesario este sabidillo que le dice qué debe consumir. Por eso las publicaciones de nicho están en boga y son citadas con tanta frecuencia por los medios tradicionales. La vieja crítica al periodista que es “un mar de conocimiento con un centímetro de profundidad” está más vigente que nunca.

Todos tenemos derecho a ser ignorantes. Pero para un periodista no es buen negocio, sobre todo ahora que está expuesto a tanta crítica y quienes escogen leerlo o verlo lo hacen porque les importa, o porque son expertos. Por eso su única opción es estar especializado en un campo y solo hablar cuando tiene algo nuevo e inteligente que decir. De otra forma, que cierre el morro. Lo que Vélez nos dejó ver en su entrevista con los indígenas –que si no fuera por internet habría pasado inadvertida– fue una inmensa ignorancia sobre las vulnerabilidades y complejidades de una cultura. Vélez quiere ser un periodista de todos los temas, que cubre desde el Reinado hasta los Olímpicos. Con eso puede que le armen un Club de Fans, pero no va a adquirir credibilidad.

Mientras escribo llueven trinos de críticas contra la NBC –la cadena que transmite en exclusiva los Olímpicos en Estados Unidos– a cuenta de que no quieren pasar el cubrimiento de los Juegos en vivo sino en horarios de alta sintonía que la publicidad paga mejor. #nbcfail es el hashtag y la BBC es el medio donde los gringos están viendo en vivo las olimpiadas, con sintonía pirata. La NBC se equivocó al pensar que podía transmitir los Olímpicos a su antojo, como hacía antes.

Porque la gente ya no se resigna. La idea de un medio que escoge por sí solo cuándo y cómo dar la información ya no es viable. Más que Twitter o Facebook, la diferencia entre las audiencias de hoy y las de antaño es que ya no existe esa pasividad que demandaba un periodista instructor de lo relevante.

Generalizo, sin duda. Y no dejo de pensar que los viejos capataces de los mediossiguen siendo poderosos. Tampoco quiero sonar optimista, porque no es de celebrar. Pero si algo cambió en Colombia y el mundo en los últimos años, si algo caracteriza a las audiencias de hoy, es que la gente ya no come entero.

Por eso las críticas de Cortés, Ospina y Silva fueron tan bien recibidas en las redes. Porque la gente ya no acepta la arrogancia de un tipo que cree saberlo todo. Y al que se presente como tal, le van a caer, tal como le cayeron a The Newsroom.

Es paradójico: el hombre que dice estar haciendo una adaptación de Caracol noticias a las “nuevas tendencias de los medios internacionales” se está convirtiendo en el nuevo Yamid Amat. Qué innovador.

Publicado en Kien&Ke en agosto de 2012.

Written by pardodaniel

agosto 13, 2012 at 11:51 am